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10.UN ORFANATO PECULIAR

UN ORFANATO PECULIAR

No tuvo tiempo no de poner el teléfono en su lugar, lo arrojó en la amplia cama de sus padres emprendió camino de regreso a su cuarto y por poco olvida reconocerle a su padre por tomar la llamada, le dio gracias y de paso le informó que saldría aunque le ocultó que iría con Ina y a cambio de esto le dijo que tenía que ir al colegio a terminar un proyecto en grupo. No supo ni por qué sintió la necesidad de mentirle, si después de todo -iba a ver a Ina para llevarle los apuntes y de paso explicarle las complicadas funciones lineales, se dijo a si misma recordando lo que le había dicho la pelinegra ojos de esmeralda.

Se cambió de ropa poniéndose unos jeans clásicos color gris algo desgastados acompañándolos con una blusa azul turquesa de cuello en ve recogida en los hombros y unos zapatos tipo baletas en dos tonalidades de marrón. Fuera de su casa bajo la comprensible mirada de Roberto su conductor, se vio obligada a devolverse de regreso a su habitación ya que estaba olvidando sus apuntes de Cálculo. Cuando volvió al Audi, le entregó a Roberto el pequeño papel en el que había anotado la dirección indicada por Ina.

Para su fortuna no hubo mucho tráfico así que llegó al oeste de la ciudad en menos de una hora, Ina vivía cerca de la escuela, recordó, pero ¿dónde?, si ella había afirmado no tener padres; Ina era menor de edad, apenas iba a cumplir los diecisiete, no podría vivir sola a menos que el gobierno del país no se haya enterado de que la chica era huérfana cosa que parecía poco probable ya que si fuera así no hubiese sido aceptada en la escuela pública; analizando todas estas conjeturas, Emma llegó a una única conclusión, el lugar hacia donde se dirigían era un hogar de menores abandonados, Ina vivía en un Orfanato. No pudo negar que la idea la aterró un poco, pues siempre había tenido una mala imagen de los orfanatos, en donde los niños eran violentados e ignorados por parte de los adultos a su cargo; pero quizá eso era algo atribuido por el cine y la televisión, no creyó, prefirió negarse rotundamente a la idea de que Ina había sufrido y tal vez seguía sufriendo tanto como aquellos niños.

El memorable Audi celeste metalizado hizo el mismo recorrido de todos los días como cuando se dirigía hacia el colegio, solo que esta vez no se detuvo en la esquina sino que giró a la izquierda adentrándose en una callejuela vehicular con casas a lado y lado y alguno que otro árbol emplastado en el asfalto de las aceras. Las casas que rodeaban el camino, eran agradables a la vista ya que guardaban una innegable similitud entre ellas, todas con generosos antejardines separados por rejas casi la mayoría color marrón, y la fachada de un crema fusco, con ventanales de madera cobriza al igual que la puerta y en el segundo piso un balcón del mismo material adornado con gran variedad de plantas decorativas, los domicilios daban una grata sensación de que dentro existía calor de hogar, o eso fue lo que Emma percibió, pero ella no es que tuviera mucho conocimiento del calor de hogar.

El auto se detuvo ante una de estas afines residencias; pero era imposible, esta era solo una vivienda, que aunque no muy pequeña, era imposible que sea un albergue de menores, parecía todo menos eso. Así que le echo a Roberto una mirada contrariada por el retrovisor, preguntándole con su expresión por qué se detenía frente a esa casa.

-es aquí señorita, respondió el hombre justificándose y le enseñó la notita que ella le había dado antes de partir.

Incrédula, tomó el pequeño papel y empezó a verificarlo comparándolo con la placa que descansaba en la parte superior del marco de la puerta, y estaba en lo correcto, era allí según lo confirmaba la inscripción. Indecisa salió del auto caminando remisamente, se preguntaba si acaso habría copiado mal la dirección, porque la casa que tenía enfrente, eso no podría ser un orfanato, era imposible. De todos modos no perdía nada con asegurarse, ya que en estos tiempos nunca se sabe…

Abrió la reja del antejardín y avanzó quedadamente hasta la puerta en donde observó un timbre de botón al lado derecho de esta, acercó su mano con cautela, sabía que estaba perdiendo el tiempo y se abatió en deseos de retirarse del lugar ya que lo más seguro era que habría copiado mal la dirección por la conmoción del momento, sin embargo permaneció allí y enseguida procedió a pinchar el botón.

Casi de inmediato la puerta se abrió dejando ver a una mujer que asomó, tenía el seño algo fruncido y miró a la pelirroja con desconfianza, era una señora de unos cincuenta años o más, robusta de tez bronceada, advertía que era alguien de carácter fuerte lo cual intimidó un poco a la chica. Su indumentaria era casual acompañada por un desgastado delantal que a Emma se le hizo muy semejante al suéter de Ina por el nivel de uso que ambos exponían.

No sabía que decir y su boca de labios rosas solo podía articular incoherentes palabras inconclusas.

-ahhh.... ehh….me preguntab…. Yo quería saber….acaso…

-¿vive Ina aquí? Logró expresar al fin, mientras la mujer había dejado de mirarla acusatoriamente y a cambio interesada y curiosa miraba el auto estacionado en frente de su casa.

-¿Ina? Dijo la mujer regresando la mirada al rozagante rostro de la chica. –¿ no estarás buscando a Georgina? Inquirió mirándola de nuevo.

-oh sí, dijo la chica corrigiéndose a sí misma,- Georgina Dehesa. ¿Ella vive aquí? Interrogó asombrada e incrédula de que la estuvieran hablando de la misma chica.

La mujer no se molestó en darle respuesta y se metió dentro, Emma aguardó confundida y dubitativa para luego escuchar una exclamación proferido por la voz de la mujer en donde llamaba a Ina por su no muy apreciado nombre original.

Escuchó unos pasos bajar vertiginosamente por las escaleras, que lo más probable eran de madera por el ruido que ocasionaron, al sentir avanzar cada pisada la duda que le quedaba se fue desmoronando a pedazos, y al ver la silueta de una delgada chica aproximarse su corazón comenzó a latir con vehemencia dando amplios golpes al centro de su pecho, la muchacha que se aproximaba por supuesto era Ina ya no había vacilación de ello aunque la chica no llevaba su uniforme y a cambio usaba una sencilla blusa blanca sin motivo, unos pantalones color caqui cortados hasta sus pantorrillas y unas zapatillas blancas igual de impecables que su blusa y que contrastaban con su bella sonrisa de la cual se escapaban rayos de luz; su corto cabello lo llevaba recogido en una pequeña e improvisada coleta que permitía ver su cara en su máximo esplendor .

-hola Emma, has llegado temprano, -dijo la chica con un tono agraciado.

-sí, es que no hubo mucho tráfico. Manifestó la otra chica e inconsciente echo otro vistazo a la fachada de la vivienda. ¿Entonces aquí vives? Le cuestionó para estar segura.

-sí, ¿creíste que vendrías a un orfanato? Afirmó la chica socarronamente siempre adivinando lo que Emma pensaba.

-umm, lo siento es que yo pensé…, se intentaba justificar la pelirroja abochornándose de sí misma.

-no, no importa, he vivido en un orfanato también, se apresuró a añadir Ina viendo la frecuente reacción de la otra.

Y luego amablemente la invitó a seguir dentro, ella aceptó gustosa no sin antes despedir a su conductor diciéndole que lo llamaría para que pase a recogerla, pues no quería tener su vehículo frente de la casa llamando la atención de los vecinos tanto como había captado la atención de la señora que abrió la puerta.

Dentro, la estancia se veía antigua y supremamente organizada, todo el conjunto de muebles y ornamentos característicos de una casa familiar vetusta, Ina se dirigió a la drástica señora que se encontraba limpiando atareadamente la alfombra.

-umm, ¿doña Marina? Ella es Emma, mi amiga del colegio… la que le dije que vendría…

-sí recuerdo, mucho gusto señorita, dijo la mujer recogiendo la pesada alfombra para limpiarla por el revés sin darle mucha importancia a las dos chicas.

Ina tomó sutilmente del brazo a Emma y la dirigió rumbo a las escaleras.

-vivo aquí desde un día antes de empezar el curso, el gobierno convino a Marina para encargarse de mí este ultimo año, comentó la joven mientras subían el tramo de las escaleras.

-¿sólo son ella y tú? Preguntó Emma intrigada por el estricto orden en que permanecía todo.

- sí, ella perdió a su familia, le contó Ina reduciendo su voz a un susurro, en un accidente de auto, a su esposo y dos hijos, agregó como justificando el indiferente carácter de la mujer.

-oh que pena, murmuró Emma sinceramente.

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