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12.LO QUE OCURRE EN EL TEATRO…

LO QUE OCURRE EN EL TEATRO…

Las mentiras que había dicho el día anterior en casa de Ina no la atormentaron ni por un momento, de hecho nunca estuvo tan complacida de sí misma, la amistad con Ina parecía marchar bien, - era su amiga, dijo en sus evocaciones recordando gratamente el momento en que Ina la había reconocido como su amiga ante la hostil mujer con la que vivía.

Al entrar al aula de clases pudo ver que casi todos habían llegado incluidos Ina y Fabián que se encontraban charlando junto a la ventana en el lugar de ella, pero no le dieron tiempo de atormentarse ya que concluyeron su plática en cuestión de segundos y el joven hizo su retirada riendo coquetamente. Después de la segunda hora de clase dio comienzo el receso, y las dos chicas fueron a la cafetería, Emma no pudo evitar recordar el mal rato que había pasado allí la última vez que Ina la había acompañado, tomaron de comer un pastel (aunque Ina tomo dos), una cajita de leche y se dirigieron al lugar en donde antes Emma se sentaba sola.

-no te he contado, dijo Ina en un tono entre lúgubre y entretenido mientras destapaba el panque.- el miércoles fui reportada a la rectoría, afirmó la chica mientras injería el primer bocado del dorado pastel.

-¿por qué? La indagó Emma deteniéndose antes de introducir el sorbete es su leche.

-ya sabes...por no haber traído en uniforme correspondiente… y eso.

-ahm, articuló Emma recordando el horrible miércoles pasado,-¿y qué te pusieron de sanción? exclamó intrigada imaginando que Ina daría clases a alguna nueva estudiante al igual que ella.

-los de cuarto están haciendo una obra de teatro, y nosotros tenemos que ayudar en la escenografía.

-¿nosotros?, repitió Emma con sorna.

-ah, con Fabián Lorca, él parece que ya está acostumbrado a los correctivos, observó Ina extrañada.

-si ves que te digo que el chico es raro…, le dijo Emma un tanto risueña.

La pelinegra no dijo nada y prefirió empezar con su leche y su segundo pastel, Emma percibió que la chica quiso evitar una tonta discusión innecesaria por culpa del ex-sombrío y ahora coqueto Fabián.

-Entonces ¿qué? ¿me acompañas?, le preguntó Ina poniendo los ojos algo entristecidos.

-¿a dónde?, le preguntó vanamente.

-pues al teatro al terminar de clases, ayer tenía que ir y deje metido a Fabián, afirmó Ina con tono de culpabilidad.

-ah, ¿no viniste?, cuestionó de inmediato la pelirroja, pues había estado segura de que Ina se había encontrado con Fabián en el teatro el día anterior.

-no, estuve recogiendo el uniforme de deporte, los del orfanato lo compraron, así que pase por él. la chica ponía un extraño tonito cuando hablaba de cosas relacionadas con su pasado.

- ¿cuánto tiempo permaneciste allá?, en el… Emma evitó pronunciar la palabra orfanato, e Ina captó el mensaje.

-desde que tenía cinco, hasta los doce y luego volví hasta ahora.

Prefirió no preguntarle más acerca del asunto y dio por entendido que la chica había estado a los doce años con alguna familia adoptiva o algo parecido a la situación que ahora vivía.

En el teatro la pasaron muy bien pese a que Fabián estaba por ahí, el joven era amable y deseaba dialogarle a Emma pero ella estaba demasiado negada a esa posibilidad, no le interesaba nada que tenga que ver con el chico, el rencor que le guardaba aumentaba mas en cuanto él intentaba adular y encantar a Ina cada vez, pero ella parecía no darse cuenta o aparentaba no darse cuenta, en todo caso el joven jamás había hablado con nadie desde que Emma lo conocía siempre estaba clavado en su pupitre rayando la tabla de este, nunca se relacionaba con ningún escolar, y ella tampoco lo había visto en la cafetería, si ella era anoréxica , Fabián sí que es cierto, pensó con cruel burla.

La escenografía era para una obra llamada el hada y el duende, había que pintar arboles de cartón nubes, arcoíris y por supuesto alas de hadas, la maestra de teatro les había atribuido sus deberes, delegando a un joven chico “el encargado de la clase” y recomendándoles estricta disciplina a todos, los había abandonado bajo la escusa de ir a una cita médica no sin antes recordarles un lema que todos los estudiante parecían conocer bastante bien: - Recuerden chicos, lo que ocurre en el teatro… -Se queda en el teatro… habían respondido todos los adolescentes al unísono.

Los actores de la obra eran como quince estudiantes de edades que oscilaban entre trece y catorce años, se notaba que nunca habían sido dejados solos porque parecían dementes causando un gran zafarrancho, corrían, andaban, circulaban, saltaban, gritaban, vociferaban, jugueteaban, se molestaban…

Todo el alboroto originado, había dado de baja a cuatro botes de pintura que quedaron esparcidos por todo el recinto, ocho arboles de la escenografía, el tesoro del duende al final del arcoíris, y varios pinceles fueros partidos a la mitad, ¡esos chicos eran tremendos!, a Emma le costó trabajo imaginar cómo se desenvolvían en la obra. Ellos por su parte solo habían observado con asombro la gran revuelta formada, y se limitaron a pintar lo que les correspondía, Ina era extremadamente pulida en su trabajo, se había encargado de las alas de las hadas que eran demasiado complejas, tenían difuminaciones de colores en tres tonos y debía darles efectos de brillo y transparencia, Ina lo había hecho perfecto para el asombro de todos los presentes, a Emma no le extraño mucho pues ya había visto una prueba de los talentos de la chica, quien había bromeado respecto a las nubes que estaba pintado la pelirroja argumentando que parecían más las olas del mar que unas nubes, al oír esto, Emma la había retado a que lo haga mejor , la chica gustosa y reída le había preparado un azul más claro y le impartió una pequeña clase de pintura pues Emma no era muy artística, pero lo que aprendía lo hacía bien, Fabián no tuvo problemas con los árboles y fue el primero en acabar, Emma le susurró hilarante a Ina que el chico sabia pintar porque todos los días se moteaba las uñas, Ina un poco afrentada solo se había limitado a reír por lo bajo poniendo los ojos en blanco y negando con la cabeza.

Cuando terminaron la jornada, se quedaron un poco más viendo los ensayos de la obra, las dos chicas se habían dado el lujo de tomarse la tarde libre y no estudiaron la última clase de literatura; los tres fueron a tomar un asiento en el vacio auditorio y se sentaron a observar a los jóvenes actores presentar su obra, la mayoría habían olvidado la línea muchas veces, alguien se había roto la nariz al toparse de frente con la pared del camerino en donde dos chicas se habían agarrado casi de los pelos por usar un par de alas dejando mal obrada una de estas que estaba recién pintada.

Ina fue a tratar de repárala, y Emma quiso ayudar también yendo al cuarto de suministros por mas pintura ya que la de color violeta se había agotado; fue acompañada por el chico encargado ya que el tenia en su poder las llaves del lugar, era pequeño de unos quince años con rizada cabellara y unas vistosas gafas cuadradas. Aunque no hubo necesidad de la compañía del muchacho, ya que extrañamente encontraron la puerta sin cerradura y dentro no lograron dejar advertir un sonido incontinente y lujurioso.

***

De regreso, entregó el pote violeta a Ina, la cual empezó a abrirlo de inmediato. No habían transcurrido ni dos minutos cuando todos los hiperactivos estudiantes se esfumaron de la escena incluyendo también al sombrío Fabián Lorca.

-es mi impresión o ¿todos se han ido?, le planteó Ina con rostro intrigado mientras comenzaba a reparar el ala izquierda del hada cubriéndola con la nueva pintura.

-¡vaya!, ese chico es bastante comunicativo!, observó Emma con asombró.

-por qué presiento que me he perdido de algo…, dijo la pelinegra vagamente.

-bueno…porque así es, afirmó la otra chica, mientras le facilitaba un delgado pincel de detalles.

-no te imaginas con que nos topamos el chico encargado y yo en el cuarto de pinturas. –dijo Emma en un tono correveidile que no pudo disimular.

-mmm… Con pinturas!, exclamó Ina irónicamente aparentando sorpresa.

-oh Ina… por favor…, la afrentó Emma risueñamente.

-está bien, está bien, cuéntame con que se toparon…, dijo la chica pesarosa terminando sus retoques a el ala de hada.

-pues era un ruido bastante…. Umm ¿interesante?, dudo al no encontrar la palabra exacta.-…y en chico no dudo en ir a curiosear… y bueno yo también fui tras él…, dijo Emma justificándose, … y bueno… allí estaban…

-¿quiénes? expuso Ina ignorando la cortedad de la chica, harta de que esta esperara a que le saquen la información.

-era Tatiana Acevedo y el profesor Diezgranados, concluyó Emma sin retraimiento por fin. Pero para su contrariedad, la otra chica no mostró interés alguno en lo que le acababa de contar y en cambio se puso a mirar detalladamente las alas de hada satisfecha de su labor.

-¿tú no quieres ir a echar un vistazo?, Le preguntó como guardando esperanzas.

-no, declaró Ina rotunda y cortantemente.

Emma se ofendió un poco tras la contestación y se sintió algo incomoda en el lugar, estaba pensando en irse de allí cuando Ina volvió a hablar en un tono más cortés.

-ven póntelas, dijo situándosele en frente con sus bellos ojos de jade iluminados como el día en que dio la sortija de mariposa color cian que siempre traía en su mano.

No tuvo tiempo de darle alguna contestación porque la guapa pelinegra ya estaba intentando torpemente ponerle las coloridas alas, casi forzándola a meter el brazo en la cargadera de ala izquierda.

-no, no, Ina, las vas a arruinar, están recién pintadas, decía Emma irremediablemente, mientras era ignorada por la otra chica que fascinada hacia caso omiso a sus advertencias intentando instalarle la cargadera derecha en su otro brazo, inhábilmente su delgada mano hizo contacto con el ala y la pintura fresca se empapó en sus dedos los cuales rozaron involuntariamente el sonrosado rostro de Emma dejándole una pequeña mancha violeta en su pómulo derecho.

-oh, lo siento, dijo la chica debatida entre estar apenada o contenta, mientras procedió a retirarle la pintura con la yema de sus dedos.

Emma permaneció inmóvil y en silencio, sintiendo el dócil contacto que ofrecían los dedos de Ina en su mejilla, su corazón empezó a palpitar de una desesperante manera al igual que en día anterior cuando había visto a Ina aproximarse a ella, quizás más; sus dedos eran blandos y tersos proporcionando una sutil y tenue caricia que hubiese deseado no se detuviera nunca y perdurara por siempre, pero no sucedió.

-ya está, afirmó Ina con una sonrisa complacida y retirándose de la proximidad que las rodeaba dio algunos pasos hacia atrás para admirar la bella hada en la que se había convertido Emma.

-Te vez muy linda, finalizó diciendo espontáneamente.

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