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15.EL RETORNO DE LA MARIPOSA

EL RETORNO DE LA MARIPOSA

El examen de Historia con la maestra Rosaline había sido uno de los más difíciles de todo el día, no creyó que le iría muy bien en este e Ina compartió su opinión, la chica ya se portaba menos dubitativa pero era extraño que adoptara ese comportamiento ya que al parecer ella era de las que las rige la filosofía de: “lo que sientas dilo” pero insólitamente no decía nada, su actitud era similar a como el día en que le preguntó que si le caía mal Fabián Lorca, asunto en el que Emma impúdicamente le había mentido, en esa ocasión la pelinegra no podía estudiar porque tenía pendiente plantearle esa pregunta, pero en cuanto lo había hecho volvió a ser la misma de siempre al instante. El punto era que por lo visto Ina no podía dejar de decir o expresar lo que sentía u opinaba, eso se le notaba a leguas, se ponía mal era como si algo la oprimiera, mucho peor que cuando hablaba de su pasado, porque allí se tornaba triste y eso era comprensible aunque Emma desconocía los sucesos. Pero realmente resultaba angustiante estar con ella cuando ocultaba algo.

-Hoy se presenta la obra de los de cuarto, ¿Vamos a ver qué tal?, le anunció Ina sin previo aviso cuando salían del laboratorio de Química.

-sí, me gustaría ver como quedaron tus alas de hada, comentó Emma un tanto ilusionada, y entraron de regreso a su salón 11-3 para tomar la última prueba del día perteneciente a la asignatura de Ética.

***

En el teatro todo fue maravilloso, los actores no se parecían en nada a los alocados chicos de cuarto grado que olvidaban sus líneas, botaban pinturas, dañaban escenarios y espiaban a profesores con sus alumnas, sus actuaciones fueron fabulosas, admirables a decir verdad; cada uno se había compenetrado con el papel correspondiente logrando transmitir cada precisa emoción, Emma no había sido la única que percibió esto, pues Ina se encontró absorta, sumida en el espectáculo y difícilmente se la veía parpadear. Definitivamente la obra teatral había sido todo un éxito y de eso daban constancia Emma e Ina que caminaban lelamente por el pasillo todavía con sus mentes volando en el mundo de fantasía de los duendes y las hadas.

-¿viste el hada violeta?, le preguntó Emma con la voz en un suspiro.

-sí, respondió Ina quedadamente como volviendo a la escena,-llevaba las alas que tu usaste. Continuó diciendo con la mirada resplandecida,- se llamaba Alice…

-…era hermosa, afirmó Emma resuelta y bajándose de la nube se dio cuenta lo conmovedoras que se veían alucinando por una historia de amor.

-sí, lo era, concordó la otra. –¿No quieres ir a pedirles autógrafos? Inquirió Ina en el mismo tono soñador.

Por un momento Emma creyó que la chica estaba hablando en serio, pero se dio cuenta que no era así al ver a la pelinegra mofarse de sí misma a vivo carcajeo.

Juntas rieron por largo tiempo paradas a mitad del corredor, mientras los asistentes a la obra salían a toda prisa para evitar a toda costa la lluvia que parecía aproximarse, ya que el lóbrego cielo daba fe de eso.

Ina todavía riendo buscó en su maleta azul su nuevo suéter de rayas.

-Odio la lluvia, refunfuñó Emma recordando acerbamente cuando tenía cuatro años y su niñera la había sacado al jardín olvidándose por completo de ella, había caído una tormenta y la niña que era demasiado pequeña para alcanzar la puerta permaneció fuera por horas bajo la lluvia.

-¡oh!, deje mi suéter en el laboratorio de Química, se lamentó Emma al ver a Ina sacar el suyo.

-pues vamos por él, resolvió la otra sin verle problema.

El inconveniente que la joven no había visto era que el laboratorio de química permanecía cerrado para evitar el ingreso no autorizado de los estudiantes, sin embargo Emma la siguió aunque sabía que perdían el tiempo ya que encontrarían el recinto completamente clausurado para la seguridad de todos; pero para su sorpresa no fue así, el lugar estaba abierto. Entraron sigilosamente pensando que encontrarían a alguien dentro, pero no se toparon con ninguna persona, aunque parecía que estaban reorganizando porque había gran variedad de probetas y balones de decantación fuera de lugar.

Emma acelerada localizó su suéter marrón que se encontraba en una butaca al otro extremo del largo mesón que dividía el recinto en dos, en donde se hallaban casi la mayoría de artículos de vidrio desordenados, para ahorrar tiempo, la chica se había inclinado recostándose en el mesón y alargando su mano tomó el pedazo de tela que pudo alcanzar de la prenda, tiró de él con todas sus fuerzas en un gesto apresurado que para su importunio arrojó gran parte de los balones y de las probetas que reposaban en el sitio, causando un estrepitoso ruido cuando estos cayeron al piso sin remedio dejando una estela de vidrios rotos por todo el lugar.

La chica asombrada por el desastre que causó permaneció parada allí sin decir nada con la boca entreabierta y sosteniendo el suéter en su mano derecha, con ganas de repudiarlo lanzándolo lejos de ella por ser el causante de tan magno desastre. Luego vio a Ina aproximarse a ella y tomándola por la muñeca la haló bruscamente conduciéndola tras la puerta del lugar, en donde la arrinconó para hacerse espacio para ella allí mismo. Quedaron incómodamente oprimidas una contra la otra, viéndose de frente a la cara, Emma estaba aterrada, jamás pensó ser la causante de un daño contra la institución, aunque eran solo unos utensilios de vidrio para ella fue como haber ejecutado al mismísimo rector.

A los pocos segundos entró alguien en la habitación refunfuñando, era la voz de una mujer, al parecer era una aseadora del establecimiento porque se quejó de que tendría que recoger todo el tiradero causado por algún vándalo que se había dado a la fuga, ignorando que era una “Vándala” y que precisamente no se había dado a la fuga y en cambio permanecía tras la puerta apretujada contra el cuerpo de su cómplice de fechorías.

Estando allí sus sentidos se agudizaron, podía sentir el roce de las piernas de Ina contra las suyas, y su mano izquierda que todavía le sujetaba con un fuerte agarre su muñeca, sus agitadas respiraciones y hasta el constante latir del corazón de Ina, la cual parecía que disfrutaba de la situación, podía verlo en su rostro cargado de adrenalina y lo confirmó cuando la chica se llevó su mano libre hasta la boca para impedir que saliera una risotada y ser descubiertas.

Cuando la mujer salió en medio de sus lamentaciones, las chicas aguardaron un poco mas hasta que decidieron ahora si darse a la fuga, tomadas de la mano emprendieron desesperada huida por los ya vacios pasillos del colegio.

Se detuvieron cuando consideraron estar ya fuera del alcance de alguien que pudiese sospechar que ellas habían ocasionado el alboroto, estaban junto a los salones de primer grado en donde en una ocasión se habían refugiado de la lluvia e Ina le había dado la sortija de mariposa como obsequio de cumpleaños. La pelinegra ya había soltado su mano, pero el afiance dado había sido tan fuerte que el anillo que esta le había regalado estaba constreñido alrededor de su dedo causándole algo de dolor, causa por la cual empezó a retirarlo de su mano para permitir el paso de la sangre a su anular.

Ina continuaba riendo, hasta le contagió un poco del carcajeo. De pronto ambas guardaron silencio, ninguna rio más, luego decidida y paulatinamente Ina se aproximó poco a poco hacia su rostro, su expresión era serena, sin ninguna preocupación, angustia o sufrimiento, volvió a sentir su respiración aún más cerca que hace unos instantes tras la puerta; que pretendía, que iba a hacer, no tendría que permitir que eso suceda, no debían, no era correcto, una ola de sentimientos la devastó y escuchaba gritar más fuerte que nunca a esa fastidiosa vocecilla que la atormentaba de seguido, sabía lo que tenía que hacer, con dar un paso atrás bastaría, pero entonces por qué no lo daba y en cambio permanecía inmóvil en el sitio. Vio como los esmeraldinos ojos de la chica se apagaron ante ella con un pestañazo castaño claro, su fina nariz rozo levemente su pómulo, y finalmente sus entreabiertos y perfectos labios se encontraron con los suyos. Eran dóciles, suaves y dotados de atractiva sutileza se impusieron aún más contra su boca proporcionando una apacible y cálida caricia fugaz que se escapó efímera dejando una gran impresión de efectos al marchar…

Todo parecía un sueño, una alucinación de la cual era presa, pero no lo era, era la más evidente realidad que jamás en su vida creería cierta. Lo había permitido, la vio venir y no hizo nada para detenerla, ya era tarde, no podía hacer nada al respecto, había sucedido, ella lo consintió, no obstante la culpa se apoderó de ella y no la hizo dar un paso a tras sino muchos, retrocedió todo lo que pudo, ya ni siquiera la podía visualizar, pues su mirada se nublaba irreversiblemente, le dio la espalda y arrancó marcha impulsivamente, perdiendo en su afán la sortija de mariposa que guardaba en la palma de su mano.

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1 comentarios:

♀♥Pukiimiizha♥♀ dijo...

waaaaaaaaaaaaa!!! el primer beso *w*
y perdio el anillo, que tonta *O* seguire leyendo ;D

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