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16.MEMORIAS RECOPILADAS

MEMORIAS RECOPILADAS

No intentó ir tras ella, permaneció allí sumida en el absoluto silencio que solo era roto por el sonoro repique de las gotas de lluvia que empezaron a caer lavando el techo de los salones de primer año. Se había ido, salió huyendo lejos de ella, aunque no la había visto correr tuvo la idea de que así fue, se alejó, la rechazó como si la repudiara dejándola allí plantada, abandonada, sola, tal y como lo habían hecho los que en algún momento de su vida quiso.

La argolla se había precipitado al suelo con un sonido metálico que consternadamente le oprimió las entrañas, pretendiendo fingir que no le había dolido en lo más mínimo se armó de valor y avanzó cargados pasos hacia él, se acurrucó perdiendo el equilibrio y descansando sus rodillas en el frío embaldosado, lo tomó delicadamente entre sus dedos, el aro estaba un poco arqueado y la mariposa había perdido una incrustación del ala superior, lo contempló con lamentación como si fuera un ave herida, y gradualmente de uno sus verdes ojos brotó una cálida gota que recorrió su pulcro rostro hasta el mentón, dándole paso a las que estaban por venir, con resentimiento se levantó bruscamente pasándose la mano por sus acuosos ojos llena de ira como arrancando toda la evidencia de que pudiese estar sufriendo.

***

El día que salió del orfanato, jamás imaginó que sería presa de una situación como la que vivía ahora. No le había agradado mucho la idea de dejar el alojamiento, aunque no era un grato lugar ese era el sitio a donde pertenecía pues ahí había permanecido la mayor parte de su vida después de ser dejada por su madre. De ahí en adelante viviría con una señora que había sufrido la pérdida de su esposo e hijos en un accidente, según le habían dicho, sus familiares intentaron buscar alguien que la acompañe en su depresión, y para su suerte fue la elegida de entre todos los adolescentes del orfanato. No era una adopción sino una especie de tutoría para que los chicos que estaban próximos a cumplir la mayoría de edad se fueran acostumbrando al mundo exterior.

Llegó a las once de la mañana en el transporte de Albergue, el barrio era una bonita avenida arbolada con domicilios semejantes entre sí. La señora de la casa aunque con expresión recelada y un tanto amargada le había dado la bienvenida en tono cordial, le enseñó su nueva habitación y le recitó algunas normas que debería cumplir, como lavar los platos después de la cena, organizar y asear su cuarto… también había hecho énfasis en que no se permitirían nada de chicos dentro de la casa, pero meter chicos a la vivienda era lo que menos le interesaba hacer a ella.

Le había pedido a la trabajadora social que le consiguiese un trabajo de medio tiempo, a lo cual la mujer de buena gana había accedido y después de dejarla instalada en su nueva morada, había ido a contactarla con el lugar donde trabajaría. La bienhechora mujer la llevó al centro comercial para asignarle el empleo conseguido en una tienda de Discos, y luego dejándola de regreso en su nuevo “hogar” se había marchado. Se sintió desprotegida en el desconocido lugar, pues ya no tenía a nadie que se relacionara con el orfanato y todos sus miedos salieron del recóndito sitio en donde los ocultaba, fue como volver a tener doce años, cuando había sido adoptada; una experiencia que no podía olvidar mas lo intentaba constantemente animándose con que eso ya formaba parte de su pasado el cual ya quería dejar atrás.

En su reciente habitación deshizo su maleta, no tenía muchas pertenencias y poseía escasa ropa, lo único que abultaba más bien era un conglomerado de carpetas y materiales para trazar, un carboncillo, dos lápices 6b, un limpia tipos que la gente solía confundir con goma de mascar, y unos cuantos pedazos de borrador desgastado que se podían visualizar encima de los fólderes de matices, también atesoraba pequeños lápices de colores que permanecían bajo la protección de una repleta cartuchera. Al día siguiente se dirigió a la escuela recordando las indicaciones dadas por la trabajadora social, pues no había tenido tiempo de llevarla a conocer, así que decidió seguirle los pasos al primer chico que vio con un uniforme escolar similar al que ella traía. El pequeño jovencito caminaba la acera con dificultad por ir acarreando unas extrañas esferas de colores que a decir verdad Ina no le encontraba ni pies ni cabeza al raro proyecto escolar; de repente su vista fue atrapada por un llamativo auto azul claro que llevaba como insignia cuatro aros muy reconocidos, este se había parqueado en toda la esquina de la calle aguardando bajo la brisa.

Mientras escrutaba el automóvil con interés se aferró los audífonos a las orejas y usó la capota de su viejo suéter para abrigarse un poco, la falda de su uniforme era corta y no le agradaba mucho la sensación de usarla, además del frio que se colaba por sus piernas de manera paralizante. Del lujoso Audi salió una chica de cabello castaño rojizo, cuya maleta quedo atorada en la puerta del auto, vestía el mismo uniforme que ella solo que no tan desgastado, era bastante extraño que una estudiante de escuela pública llegue un vehículo así y además de eso que la deje en la esquina del colegio, -seguramente es la amante de algún adinerado.-pensó. Y confirmó sus sospechas al ver como la pelirroja salía del vehículo con sigilo y el gran espanto que se ganó al toparse de frente con el chico de las esferas de colores. De todas formas le daba igual quien fuese la chica, pasando por su lado le adelanto y jamás la volteó a mirar aunque no pudo negar que tuvo algo curiosidad por verle mejor.

Fue a la rectoría en donde pidió información de su matrícula académica y de sus clases, la enviaron al aula de 11-3 y no le dijeron mucho respecto a los horarios argumentando que luego le asignarían un estudiante que le adelantaría de las tres semanas de clases que se había perdido. La clase comenzó justo después de su llegada, encontró un asiento vacío junto a la ventana del recinto, la profesora se veía bastante aburrida y lo pudo confirmar en cuanto empezó un largo discurso de la historia de unos japoneses o algo así, eso fue lo que captó antes de aumentar el volumen en su reproductor y mirar la lluvia culminar de caer a fuera.

Pasados unos minutos se sintió algo incomodada, creyó que estaba siendo observada y no se equivocó, pues una chica la había estado mirando, aunque al ser descubierta esta se enrojeció y se concentró en sus apuntes, casualmente era la misma joven que vio bajarse del Audi camino a lugar, le pareció extraño no haberla visto cuando entro en el salón o quizás hasta ingresarían al mismo tiempo. Viéndola bien no parecía ese tipo de chicas que andan con hombres mayores por dinero, -pero las apariencias engañan, pensó disipándose y retornó a ver caer la lluvia.

Dos largas horas después los cansados estudiantes abruptamente vaciaron el salón de sus presencias e Ina recordó que el hombre de la rectoría le había dejado claro que todavía no se hacia el papeleo para incluirla en la matrícula, así que no tendría los servicios de la cafetería y qué caso tendría salir al receso sino podía ir a comer ya que tampoco tenía dinero alguno,- lo mejor será empezar pronto a trabajar, meditó optimista; aunque no sería mucho dinero y el pago era según las horas que laborara semanalmente obtendría algo de renta.

Sentada en el sitio permaneció escuchando algunas de sus canciones preferidas dándoles “Re-play” muchas veces de seguido, luego apreció a alguien frente a ella, para su sorpresa era de nuevo la muchacha pelirroja de cabello rizado que en esa ocasión le hablaba.

Aunque la asustó un poco, lo supo disimular muy bien cuando se retiró los auriculares para escuchar con claridad lo que la chica tenía para decir. Y lo primero que tuvo para decir fue su nombre: Georgina Dehesa, la había cuestionado la pelirroja, -si soy yo, Ina, le contestó enfocando que le agradaba más que la llamaran así y la chica pareció haber entendido ya que esbozó una tímida sonrisa, procediendo después a explicarle que fue asignada a ser su tutora de repaso de clases, le hizo entrega del horario y le anunció que la próxima clase sería en el laboratorio de Química.

Ina sin vacilar se puso de pie emprendiendo rumbo hacia la puerta, no obstante la pelirroja se había quedado parada en el lugar aguardando quien sabe a qué. –¿vienes? La interrogó para hacerla reaccionar y un poco sonrojada la joven se reunió con ella.

La última clase que vieron fue la de ética que extraordinariamente fue más aburrida que la de historia, y ella que pensó que no podría haber nada peor sin embargo esta supero con honores a la primera; al finalizar recordó que tendría que ir a disquera, así que fue a pedirle prestados los cuadernos a la chica lo más pronto posible, acordaron empezar con los repasos de clases al día siguiente y se marchó a toda prisa para no llegar tarde a su primer día de trabajo.

En el centro comercial las cosas habían ido bien, le asignaron un registro donde debía contabilizar los discos del archivo y organizarlos según lo estipulado, le fue entregada una camiseta roja con el logo de la empresa contramarcado, aunque no le agradó mucho tener que usarla se resignó ya que no podía hacer nada al respecto. Al salir del trabajo pasando por las saturadas vitrinas del centro comercial algo captó su atención en una de ellas; era un agraciado anillo que le fascinó al instante y sin dar espera acudió a adquirirlo para después retornar a la casa donde la señora Marina quien amablemente le había guardado de comer, acción que le agradeció en el alma porque realmente traía hambre, la mujer le dijo que era lasaña, algo que Ina no es que hubiese probado mucho ya que la comida en el orfanato era extremadamente limitada; comió hasta dejar el plato vacio y complacida fue a lavar la vajilla. Después fue a su reciente habitación en donde hasta pasadas las once de la noche permaneció transcribiendo los apuntes de la muchacha de cabello rojizo, pudo apreciar para su pesar que durante las tres semanas del inicio de clases el curso había copiado eternidades y eso que eran solo las tres primeras materias, tomando como prueba de ello las páginas y páginas de redondeados grafos en las anotaciones de la pelirroja que apropósito, no tenía idea de cómo se llamase.

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