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21.ODIADAS INICIALES

ODIADAS INICIALES

-Buenas tardes señorita, escuchó a su empleada decir justo cuando atravesó la puerta de su casa.

-buenas tardes, dijo la muchacha sin ánimos zafando la purpura maleta de su hombro derecho y dejándola caer al suelo haciéndola barrer el piso cuando empezó a dirigirse a su cuarto. Una vez estuvo allí se sintió realmente agotada y se dio cuenta de cuanta hambre tenia, así que apresuró a cambiarse el uniforme, para bajar a comer.

Comió sola como todos los días, pero esta vez nada, ninguna tristeza, ninguna sensación de soledad hizo que perdiera su apetito, comió todo lo que su empleada le sirvió ante la mirada atónita de esta desde el portal de la cocina, seguramente nunca había visto a la jovencita comer con tan voraz apetito. Mientras se atragantaba de rica pasta, olvido todo lo que la hacía infeliz, y pensó locamente que su vida sí tenía sentido, que tal vez Ina había llegado a eso: a darle sentido a su vacía existencia. Aunque eran diferentes por algún motivo desconocido simpatizaban y muy bien, era más que coincidencia que la chica llegara al colegio el mismo día de su cumpleaños.

-Emma ¿qué estas pensando?, resurgió esa pequeña vocecilla dentro de su cabeza. Inmediatamente reaccionó de sus pensamientos y pudo ver que ya no quedaba nada de pasta en su plato.

-¡vaya hambre que tenia!, se dijo a si misma asombrada, y tuvo ganas de pedir más, pero se contuvo al concebir su estomago inmensamente lleno, algo que hacía mucho no sentía.

***

Al día siguiente yendo al restaurante escolar por primera vez después de su distanciamiento, Ina le comunicó algo no muy agradable. -Emma, ¿podemos comer con Fabián? Había dicho la pelinegra sin ninguna doble intensión. Definitivamente esa idea no le había gustado para nada, pero tuvo que aceptarla ya que días atrás le había mentido que él no le caía mal; así que al parecer de ahora en adelante se reunirían con Fabián para el descanso. Del chico oscuro y sombrío que Emma había conocido, ya solo quedaba su indumentaria, porque se había convertido en un payaso completo solo para llamar la atención de Ina, hablaba, comentaba, curioseaba, reía, carcajeaba, fastidiaba, se mofaba de sí mismo…

Ina amablemente le seguía la corriente en todas sus ocurrencias, pero Emma lo quería lapidar; con cada segundo que transcurría lo detestaba más.

-sabes estoy aprendiendo a tocar la guitarra, le decía Fabián a Ina después de un arduo relato de cómo empezó a pintarse las uñas,-… no te gustaría…

-yo toco el piano. Se inmiscuyó Emma harta de ser opacada por las habladurías del chico.

-te decía Ina.., volvió a hablar Fabián ignorando la interrupción de Emma,-...es genial cuando aprendes porque…

-lo interpreto desde los siete años, intervino de nuevo la pelirroja.

-Ah ¿sí?, decía Ina evitando expresar algún tipo de preferencia por alguno de los dos.

-Eso es genial, Emma, exponía Fabián pretendiendo que la chica guardara silencio,-… pero para los que apenas estamos aprendiendo…

-… y realmente me va muy bien. Seguía la muchacha dirigiéndose únicamente a Ina y desconociendo por completo al joven que ya estaba perdiendo la paciencia.

-Bueno, bueno, chicos, se nos hace tarde, el receso ya va a terminar y ustedes dos no han probado bocado, así que empiecen a comer y luego me cuentan sus acercamientos musicales. ¿Les parece?, intervino la chica cansada del incómodo ambiente que se había formado.

***

Saliendo de clase fueron a hacer el taller de literatura, Emma llevó su portátil para desarrollar el análisis. Como de costumbre la señora de la casa no se encontraba y sólo hallaron a Abby haciendo de las suyas con los zapatos de Ina los cuales había mordisqueados con sus filosas dentaduras.

Ina preocupada había comenzado con la tarea, ya que ella no era muy buena con los análisis literarios y preveía que se tardaría mucho en asimilar la obra pues se aburriría montones y el arduo texto a desarrollar no ayudaba mucho.

-No te preocupes, los libros de guerras son muy fáciles de entender. Decía Emma mientras acariciaba a la perrita canela.

-Si claro… fáciles de entender, aburrir, hacer dormir… entre otras…, le contestaba Ina negligente.

-Además yo ya empecé, le contó entregándole sus apuntes, -si quieres lo revisas…

-No, no, yo confío en ti, no te preocupes. Argumentó la otra por salir del paso y evitar leer el resumen de Emma. La chica le había hecho mala cara pero no había insistido.

Era casi ilusorio que la pelirroja estuviera de nuevo en su habitación, en absoluto lo creyó posible de nuevo, sin embargo allí estaba ella; evitaba mirarla demasiado para que no se diera cuenta de sus deseos de que las cosas con ella hubiesen ido más lejos que su amistad, pero eran solo eso, grandes añoranzas.

Emma ya había dejado a Abby en su canastita dormida y se encontraba absorta intentando incrustar de nuevo la piedra color cian faltante en el ala de la mariposa, la piedrita no quería entrar por nada del mundo y en cambio salía volando por toda la habitación, la chica molesta refunfuñaba y andaba a gatas por el suelo intentando recuperar la pieza. Tanto que había padecido por no encontrar su sortija para que ahora no pueda arreglarla, todo lo que la había buscado cuando solo le quedaba la pequeña parte del ala que contemplar; el no poderla reparar la hacía empezar a detestarla y en su búsqueda le impartía maldiciones en voz baja.

-Aquí esta, le dijo Ina mostrándole en su mano la piedrita que había volado hasta el escritorio. Importunada de escucharla lloriquear.

La muchacha se levanto y corrió a encontrarla, pero Ina no se la devolvió y en cambio le arrebató el anillo de sus manos, con cuidado le puso la incrustación en su lugar y lo presionó contra la mesa para que no se escapara de nuevo. Emma al ver esto había dado un pequeño gemido de conmoción y consecutivamente le dio de agradecimiento un sonoro besito en la mejilla, esta vez la que se avergonzó fue Ina quien cambio su níveo rostro por un rozagante rubor.

Media hora más tarde no habían avanzado mucho con el extenuante texto, y Emma ya no tan encantada leía en voz alta el libro, se había paseado por toda la habitación, se sentaba, se recostaba en la pared, en el borde del asiento, se sentó en la cama, y luego terminó en el lecho tumbada boca abajo con las piernas suspendidas en el aire agitándolas levemente; sostenía todavía el grueso libro en sus manos pero dejando de leer en voz alta pues se enteró que Ina no le prestaba la mas mínima atención y en cambio curioseaba los juegos del ordenador.

-Ina, ¿te gusta Fabián?, Había dicho de forma espontanea y sin ningún rodeo.

Ina aturdida había suspendido su turno en el juego, y volteó a mirar con inquiría a la otra que aguardaba con rostro serio por una respuesta-solo somos amigos, dijo esperando a que la chica se satisfaga y no pregunte más.

-y qué, igual te puede gustar…, insinuó Emma malcontenta.

-No lo he pensado, comentó la pelinegra sinceramente.

-umm… dijo la chica, aunque en realidad quería preguntarle: - entonces ¿quién te gusta? pero se había contenido oportunamente.

-Fabián Lorca muere por ti, le aseguro segundos después, - lo has notado, ¿no?, Inquirió intencionalmente. Era absurdo que Ina fingiera no darse cuenta que el detestable chico gustaba de ella.

-la verdad no, anunció Ina mas resuelta que nunca.

- Es evidente, está muy interesado en ti, arremetió Emma abatida entre la incredibilidad y se levanto ágilmente de la cama para buscar la embaucadora mirada de la otra, estaba a punto de exponerle todos los notorios cambios de personalidad que “F.L” había sufrido pero fue terminantemente obstaculizada por la pelinegra.

-Bueno, bueno, te digo que no lo sé Emma, se explicó para apaciguar la creciente furia de la chica. - Ese asunto no es tan evidente para mí, como en cambio sí lo son otros, concluyó mordazmente, cerrando el juego y volviendo con la transcripción del resumen.

Emma pretendió no haber escuchado el socarrón comentario y calmando sus corajes retomó la lectura, sin poder sacar de su mente las últimas palabras de Ina, ¿qué habría querido decir?…

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