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Studio Group - Show Me Love .mp3
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23.RESURGIENDO HERIDAS

RESURGIENDO HERIDAS

De forma espaciosa y paulatina el beso fue disminuyendo en su intensidad hasta que sus bocas se apartaron sin desearlo realmente pues eran como dos fuertes magnetos que se atraían con ímpetu y avidez con forme a la cercanía.

No comprendía muy bien lo que acababa de hacer ni el por qué, el momento no había sido el muy adecuado, pero -es ahora o nunca, se había dicho cuando vio tan enfadado el bello rostro del ángel, necesitaba a Ina y ella también, lo podía notar en su tono de voz, en su infundada e inconsciente ira, por lo visto ella también estaba sufriendo por no tenerla.

Lo que sentía parecía ir más allá de la razón, ya era un hecho: había perdido la cordura, y por el momento no le interesaba, ya no podía hacer nada, sus sentimientos hacia la chica estaban demasiado arraigados dentro de su ser, no importaba cuanto intentara olvidarla, pretender que no ocurría, o escarmentarse con que era una locura, una inmoralidad, no importaba cuanto considerara sobre el tema, Ina no salía de su mente, siempre estaba allí inmutable como un ideología persistente y duradera, solo quería olvidar todos sus perjuicios y no pensar en nada más que en ella. Con ese beso se había dado cuenta que ser amigas no era suficiente, no, porque lo que sentían la una por la otra era mucho más que amistad, lo sabía, iba más allá de eso, ya no toleraba la idea de pensar en ser solo su amiga, no podía aguantar verla y no desear besarla todo el tiempo, tenerla junto, estar tan cerca y a la vez tan lejos. Ya no le afectaba mucho lo que opinen los demás.

Si bien había sido un demente impulso cargado de contrariedad no había nada que se le comparara y en su opinión obtuvo resultados muy positivos pues podía asegurar que no hubo nada mejor que ser correspondida por la chica de intensos ojos verdes, aunque Ina le aseguro una vez que para ella no era una estupidez lo que pasaba, no tenia seguridad de lo que la muchacha quería de esa confusa situación por la que atravesaban.

Ina se le quedo viendo pasmada, no decía nada solo la miraba con aprensión, ella intranquila aguardó con ansias por lo que diría, y automáticamente sus mejillas se empezaron a ruborizar ante la perpetua mirada de la pelinegra, cuando sus perfectos labios, los que acababa de besar con arrebato, se abrieron para pronunciar palabra.

-¿No crees que ya es tarde?, Inquirió la chica decepcionada mientras se ponía de pie.

Definitivamente eso no era lo que quería escuchar de los apacibles labios de la pelinegra.

-¿pero Ina que te pasa?, atinó a decir con desilusión, había dejado todos sus quebrantos atrás para a cambio ser rechazada de esa forma?.

-¿Qué qué me pasa?, ¿qué te pasa a ti?, Le reprochó subiendo la voz-Me rechazas, me sermoneas, y ahora vienes como si nada y me besas? Concluyó con tirria.

-Lo siento, estaba confundida, lo sigo estando, aseguró temida,-pero esto es más fuerte, no lo- lo puedo soportar. ¿No lo podía soportar?, le acababa de decir a Ina que no aguantaba más el no tenerla?, no podía creer que había dicho eso, aunque se escucho perfectamente, las palabras que articuló no parecían haber salido de su boca, en ese instante supo que ya no habría vuelta atrás.

-¿Confundida?, Examinó Ina ignorando la trascendental declaración.- ¿Acaso tu confusión tiene nombre y apellido? Volvió a interrogarla con sarcasmo.

-¿De qué hablas?, decía la otra más embrollada aún.

-De Víctor Zuazo de eso hablo. Sentenció Ina enfadada.

-¿y por qué traes a colación a Zuazo? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?, le preguntaba la pelirroja con leve sospecha pero fingiendo no comprender todavía.

-Ahh no lo sé, decía Ina en supuesto tono de asombro,- dímelo tú que te dejas manosear por él. Se pronunció rotundamente con un dejo de amargura, para después retirarle la sostenida mirada, avergonzada un poco de sus argumentos.

-Ah, ¿es por eso que estas así?, inquirió Emma tontamente tratando de disimular su fascinación al enterarse que por lo visto no era solo ella la de los arranques y descubriendo la razón del enfado de Ina, no podía negar que la reacción de la joven le agrado.- ¿qué querías que hiciera?, se aventuró a interrogar pero aun seguía dichosa y no pensaba en lo que decía.

- pues no sé…, volvía a decir Ina simulando pensarlo mucho, - ¡Matarlo por ejemplo!, Indicó satíricamente como encontrando la perfecta solución.

-¿Ah sí?, dijo Emma dejando atrás su embeleso y alterándose súbitamente –¡Y tú por qué no has matado a Fabián Lorca entonces! , le argumentó en un receloso grito.

-Porque tú lo haces por mí, profirió la pelinegra llanamente, haciéndole ver lo evidente que eran sus celos hacia el chico. – y además injustamente, agregó- porque es algo que solo tienes en tu imaginación. Concluyó haciendo un ademan de atornillarse la cabeza.

-¿Mi imaginación?, se examinó Emma amargamente registrando sus imperecederos recuerdos en donde Fabián adulaba a Ina.

-Sí, porque Fabián a mí no me anda manoseando. Se argumentó la pelinegra con sorna.

-Ah pero bien que te pretende, ¿no?, Arremetió la otra con más resentimiento.

-¿Y qué?, yo no le hago caso, expresó Ina como con pretexto- pero por lo visto tu sí que le haces caso al Zuazo, ¿Por qué no formalizan su relación?, no crees que ya es tiempo, o ¿es que acaso te avergüenzas de él? ¿Por qué si te avergüenzas de él…, seguía Ina lanzando manifestaciones sin darle tiempo a la otra de responder ya que cada que Emma abría la boca la callaba con otra cuestión, permitiéndole solamente hacer un estropeado ruido vocal.

-¡Yo no tengo nada con Víctor!, le gritó al fin exasperada de no poder defenderse.

-Ay por favor Emma…, empezó en modulación de que las cosas eran muy obvias. –Ya quítate ese disfraz de “niña buena” que no te queda. Le arbitró cruelmente.

-Te estoy diciendo la verdad, no tengo nada con él, argumentaba la otra decayendo quebradizamente en su voz.

-Pero bien que has tenido, ¿verdad?, Le cuestionó de indiferente modo.- Deja ya de mentir. Expuso de nuevo con contrariedad, -¿Lo negaras de nuevo?, la retó avanzando decidida frente a ella. -¡responde! Le increpó en la cara mientras que de sus marrones ojos empezaron a brotar grandes lagrimones, No decía nada, no podía creer que las cosas entre ellas habían llegado a ese fatídico punto, Ina le reclamaba iracunda por Víctor, le iba a responder si eso era lo que quería, solo esperaba encontrar las palabras exactas, pero Ina como siempre impaciente no aguardó a escucharla y tomó alteradamente su maleta, y dejando el libro ensangrentado en el escritorio abandono el lugar perdiéndose entre las atiborradas estanterías.

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