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24.A LOS GOLPES

A LOS GOLPES

Ya había llegado a su casa y estaba dándose una ducha, el jabón se resbalaba de sus manos a cada instante desesperándola en cada caída, la última vez que lo hizo, el muy desdichado fue víctima de toda su furia siendo reducido con su pie a una plasta de masilla aglutinada en la loseta. Podía escuchar los ladridos de Abby fuera, seguro estaba haciendo rabiar a la Señora Marina, puesto que las dos no se llevaban muy bien ya que la perrita solía interrumpirla cuando aseaba la casa y se prendía a morder lo que fuera, la escoba, el trapero, la aspiradora…

Recordó como salió de la biblioteca sin esperar a nada a lo que podría soltar Emma, ella había guardado silencio y sus lágrimas no la conmovieron ni por un segundo, con su mutismo le confirmó que era cierto lo que suponía, ella y Víctor habían andado y al parecer todavía quedaban rastros de esa relación.

Vio tan lejano el momento en que empezó a darse cuenta de su atracción por la pelirroja, parecían haber transcurrido años después de ese día en el teatro, en donde prácticamente la había obligado a usar las violetas alas de hada que acababa de reparar, rozó torpemente su mejilla manchándola de pintura, pintura que luego tuvo que retirar con extraordinario nerviosismo, en absoluto pensó que ese simple acto causara tanto frenesí en ella. Nunca había recapacitado en que le gustase una chica, nunca lo vio así, de hecho cuando lo pensaba con detenimiento no estaba segura de que si algún día le había gustado alguien de ese modo como le gustaba Emma, pero no se sentía nada confundida, tenia bien claras las cosas y ninguna culpa la abatía, si eso era lo que sentía nada lo haría cambiar, así que para que se martirizaba con inservibles reprimendas morales.

Emma no asistió al colegio, y en conformidad se sintió algo tranquilizada porque así ocurrió pues no quería verle su bonito rostro con cara de “yo no fui”. No volver a hablarle de nuevo… que incomodo seria, pero sabía que eso era lo que iba a pasar cuando la chica retorne a sus clases, no podían huir, tarde que temprano volverían a verse, pero indiscutiblemente Ina preferiría que sea tarde, su rencor todavía no estaba muy sosegando del todo y ya no tenía ánimos de volver a pelearse con la pelirroja y peor aún hacerle otra patética escena de celos, que vergüenza; nunca creyó que alguien podría despertar tantos y tan transformados sentimientos, recordó el incidente con la sortija, la chica se había disculpado y ella también lo había hecho por haberla tratado mal, pero ahora de nuevo había pasado, y los dos incidentes habían tenido como origen y punto en común: un beso, nunca creyó que ese simple y pulcro acto podría causar numerosos sucesos entre alguien, si hace algunos días atrás le hubieran contado seguro que no lo hubiese creído.

-hola nuevita, dijo una voz que reconoció al instante aunque había escuchado pocas veces.

Era Zuazo que se había sentado en la madera de escribir de su pupitre.

-umm ¿sabes lo que le pasó a Alberdi?, Inquirió con vacilación.

-No, no lo sé, contestó la muchacha irritada -y no me importa, sentenció poniéndose de pie de inmediato, dejándolo en inestable situación en donde se había acomodado.

-Uy niña ¡que genio!. Dijo él con cara burlona irguiéndose después de retomar el perdido equilibrio.

-¡y a ti que te importa mi genio!, lo retó dándole un empujón directo a su esternón, fue como provocar a una piedra, así que le dolió más a ella que a él, sin embargo no le importó y estaba dispuesta a darle más que eso.

-lárgate con Ella, y a mí no me estés jodiendo la vida, le dijo en voz alta, provocando la atención de todos los presentes.

-¿Qué te pasa loquita, le pregunto él fascinado por la violenta reacción de la chica.

-Esto es lo que me pasa, dijo la pelinegra mientras le encajaba al muchacho un “izquierdazo” directo en su rostro, descargando toda su frustración, el chico se tambaleó hacia atrás del fuerte impacto que recibió borrando toda expresión de burla de su rostro. Ella no tenía ganas de detenerse, su mano cerrada en un puño reclamaba exigiendo por más, y por supuesto gustosa la complacería, no importaba cuanto le estaban doliendo los nudillos en ese momento, y cuanto más le sufrirían después, obtendrían lo que deseaban, la ocasión era perfecta no la podría desperdiciar, el chico había venido a ella a encontrar su merecido, ese que Emma no le dio y que ella desde hace mucho quería procurarle. Cargó su puño de nuevo y lo arremetió con más violencia, pero esta vez Zuazo lo evadió de su rostro y fue a parar en su clavícula, él la tomó por el brazo izquierdo inmovilizándola temporalmente, sin embargo no la detuvo, su cólera y adrenalina estaban más allá de lo consiente para ello y con más alteración empezó a proporcionarle al fornido joven una serie de sagaces patadas y golpes con la mano que tenia libre, aunque de manera descoordinada pero con gran ferocidad aporreaba toda parte desprotegida que encontraba.

Víctor con dificultad consiguió alejarse de ella, tapándose su sangrante nariz causada por el primer impacto. – ¡Qué te pasa estúpida!, Le gritó frenético avanzando de forma amenazante hacia ella, donde lo esperaba con valor negada a retirarse de la riña, dispuesta a propinarle más golpazos y responderle a los que él pretendía darle.

Zuazo ya se encontraba a pocos centímetros de alcanzarla, esta vez él se defendería pues eran claros sus peligrosos propósitos, sin embargo fue detenido por un chico de abundante cabello negro que se interpuso entre los dos impidiendo la confrontación.

-ya basta Víctor, lo reprendió Fabián, algo asustado de que el corpulento muchacho la agarre contra él también. Víctor pareció haber recapacitado con el sermón y frenó en seco su decidida marcha,- entonces dile a tu noviecita que deje la calentura, se justificó aún iracundo.

Ina en lugar de estar agradecida con Fabián lo estaba odiando por haberse metido en el conflicto, era asunto de ella y de nadie más, ella vería si se dejaba magullar de Zuazo.

Fabián como obedeciendo la banal indicación se dirigió a Ina e intentó retirarla del lugar, ella con dificultad había accedido no sin antes dirigirle varias miradas de odio a Zuazo que él le respondió con equivalente gravedad.

-pero Ina ¿qué te pasa? , Indagó el sombrío chico aterrado, cuando caminaban por el pasillo llevándola lo más lejos posible de lugar,-¿Por qué peleas con Víctor?, Volvió a preguntar con más estupefacción dando a conocer que él al igual que muchos le tenía cuidado al fortachón y jamás se atrevería a medirse a los golpes con él.

-Que te importa Fabián, lo regaño la muchacha todavía con el seño fruncido y la mandíbula tensionada. – no te tenias que haber metido, es asunto mío. Siguió diciendo con cara resentida.

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