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6.ADVERSIÓN

ADVERSIÓN

A mitad de semana, iniciaron las clases de deportes, ya que estas habían sido suspendidas todas las fechas anteriores por que el profesor había sufrido un esguince jugando al béisbol, muchos se aventuraban a decir que la luxación se la había provocado Tatiana Acevedo en un ataque de celos con un bate del deporte, ya que en diversas ocasiones el maestro había sido descubierto en comprometedoras situaciones con su estudiante, lo que daba pie a un sinfín de habladurías entre el personal estudiantil.

Emma por su parte prefería no especular respecto al tema, principalmente porque si aunque quisiera hacerlo, no tendría con quien, muy pocos compañeros le dirigían la palabra, solo podía contar con Oscar Urdaneta, sin embargo el chico era algo nerd y extremadamente tímido, cosa que no favorecía mucho en la comunicación, había hecho trabajos en grupo con él en dos ocasiones; no hacía más que hablar de videojuegos, series de anime, extraterrestres o en el peor de los casos conferenciaba de física. Realmente no tenía mucho en común con el chico, ya que desconocía todos los temas que a él y a sus discípulos les fascinaban, Oscar, al igual que Tatiana Acevedo y Víctor Zuazo quien ya había retomado sus clases para importunio de algunos, Emma incluida, tenía un grupo de fieles seguidores que respaldaban todos sus ideales, pero los incondicionales de Oscar tenían algo diferente a los de Víctor y Tatiana, pues estos eran todavía unos infantes de cortas edades que oscilaban entre los diez y trece años, con los que se acompañaba en los periodos del descanso, motivo por el cual era víctima de innumerables apodos, donde destacaba el de blanca nieves y los siete enanitos.

Pudo ver que Ina llegó un tanto retrasada de la hora en que habitualmente asomaba, y además de eso se podía observar que la muchacha había olvidado su uniforme de deportes. Tras ella llegó un hombre alto y acuerpado de rostro cuadrado y varonil, que cojeaba un poco en su pie derecho, este era el profesor Diezgranados, el cual no pasaba de los treinta años y que con su mirada seductora y libidinosa robaba más de un corazón adolescente en su clase de deportes.

-Buenos días, dijo el hombre en tono desdeñoso. - como podrán observar ya estoy casi recuperado de mi seria lesión, pero el médico me ha recomendado el evitar cualquier tipo de movimiento brusco, así que hoy solo trotaremos alrededor de la cancha de futbol. Entonces, sin más preámbulos empecemos. Dijo el individuo haciendo un ademan con sus mano derecha, invitándolos a salir del aula.

Emma se levantó del pupitre, con enorme lentitud, y se percató de que sus compañeros también empezaban a encaminarse perezosamente, pues todos ya se habían acostumbrado a la ausencia de la tediosa asignatura, y se reusaban al hecho de que volviera.

-hola, escuchó que dijo una suave y aguda voz detrás de ella, y al voltear se encontró de frente con unos bellos ojos verdes.

- hola Ina, dijo ocultando el miramiento de tan majas vistas.-¿Cómo te ha ido en el trabajo?, curioseó por hablar algo.

- oh, bien, la tienda de discos es genial.- afirmó la pelinegra con tono complacido.

- una tienda de discos, observó Emma ¿y qué haces allí?, le preguntó un poco más interesada.

-umm, organizo los discos, no es un gran trabajo, pero está bien para un vaga como yo, se justificó la muchacha haciendo una mueca horizontal con su boca.

Emma de nuevo no supo que decir al respecto, como en casi todas las conversaciones que había tenido con la chica, pues eran tan diferentes, no se explicaba el por qué del insistente interés que despertaba la joven en ella. Se limitó a apreciar el uniforme de diario que traía Ina equivocadamente.

-¿Qué por que traigo el uniforme incorrecto?, dijo Ina como si expresara lo que Emma quería preguntar mas no se atrevía. Al escucharla, Emma se dio cuenta que era siempre tan obvia, que la muchacha no tardaba en captar todo lo que ella quería decirle, como adivinándole el pensamiento; no le quedó más remedio que sonreír cómplicemente a su vaticinadora de ideas, aceptando así que era eso lo que quería saber y aguardando por una respuesta.

-pues es sencillo, dijo la muchacha en su monologa intervención, - no tengo el uniforme de deportes, explicó, mientras salían casi de ultimas del recinto.

- ¿acaso tus padres no te lo han comprado?, preguntó Emma inocente mostrando un tono infantil y dependiente.

-yo no tengo papás, dijo Ina seca y desapaciblemente.

Al momento el profesor Diezgranados comenzó a llamar a los rezagados estudiantes que al igual que Emma e Ina caminaban quedadamente rumbo a la cancha.

-ve, luego seguimos platicando, le dijo Ina, dejando ver que su expresión se había tornado afligida.

***

Una vez hicieron el debido calentamiento, toda la clase empezó a trotar recorriendo el perímetro de la cancha repetidamente , Emma no podía dejar de recordar las últimas palabras pronunciadas por Ina, pues resonaban una y otra vez en su cabeza, se sintió culpable de haber provocado que la chica le dijera lo de sus padres, pues la había hecho sentir mal, lo pudo notar el su tono de voz y la expresión que reveló en su rostro, se sintió rotundamente arrepentida de su estúpida suposición de que los padres eran los que compraban todo lo que uno necesitase.

-¿Y a dónde se ha ido Ina?, se preguntaba, mientras describía el trayecto de la rectangular cancha, pues la chica había desaparecido de su vista, mientras todos había empezado los ejercicios iniciadores. Sus sentimientos de culpa se revolvían en un maraña de emociones, podía sentir la conmoción que le producía estos sentimientos que se revolvían con el constante y agitado trote que se había convertido en una intensa carrera sin ánimos de ser finalizada pronto, así que decidido detenerse unos instantes para tomar un respiro. Al estancarse un intenso mareo se apoderó de ella, y sintió como que su cabeza daba vueltas, viendo confusamente a muchas personas a la vez, una sensación muy parecida a la que había experimentado semanas atrás cuando comió unas hojuelas de maíz azucaradas acompañadas con poca leche, el azúcar de estas había endulzado inevitablemente la escasa leche convirtiendo su desayuno en una miel pura y hostigánte, pero esta vez no había consumido nada dulce, más bien era algo amargo.

De repente su vista se aclaró y enfocó a una escena en especial en donde sus protagonistas eran Fabián Lorca y la causante de sus espejismos Ina, que sonreía ampliamente con sus perfeccionados y blanquecinos dientes para Fabián, quien le correspondía con un rostro risueño y continuaba hablándole al parecer adulatoriamente.

-¿Alberdi?, ¿se encuentra bien? Escuchaba formular lejanamente.

-¡Alberdi!, oyó decir mientras una gran mano se aferraba de su brazo izquierdo, haciéndola virar en su mismo eje.

-¿está usted bien? Preguntó el profesor Diezgranados mirándola con los ojos abiertos como pelotas de tenis.

-¿Qué le pasa a Emma profe?, gritaban interesados los gemelos Almadoz corriendo a reunirse con el maestro.

-Emma, ¿Emma? Repetía el hombre tratando de hacerla volver en sí, sin obtener respuesta alguna.

Llévenla a la enfermería,-dijo a los idénticos muchachos.

-Emma, Emma, Se aproximó a llamarla el gemelo llamado Mateo.

-estoy bien, articuló por fin la muchacha, cuyo rostro estaba más blanco que un papel.

- tienes que ir a la enfermería, - aseguró el gemelo número dos, que respondía a le nombre de Marcos.

-no, estoy bien, -dijo la chica decididamente, -solo iré al baño, anunció algo confusa y dudosa, y se encaminó hacia los lavabos dejando atrás a sus impacientes amparadores; sin advertir que unos ingentes pasos la seguían.

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2 comentarios:

♀♥Pukiimiizha♥♀ dijo...

pasos de quienes seran? *O* pronto lo sabre :3

Annshine dijo...

hohohohoho, ya llegaste aca ^^
pues leelo prontito y lo sabrás:D

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