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Studio Group - Show Me Love .mp3
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7.ES MEJOR CALLAR

ES MEJOR CALLAR

Una vez estuvo en el lavabo abrió el grifo y empezó a echarse agua en la cara, su reflejo advirtió lo pálida que se hallaba, aunque era de tez blanca siempre tenía sus mejillas rosas, pero esta vez estaba casi traslúcida. Tomó una toalla descartable y empezó a secarse el agua de sus recientes anémicas facciones, cubriendo toda su visión, a la distancia podía escuchar las leves voces de los estudiantes que se encontraban encerrados en los recintos recibiendo clases.

-¿Qué te pasa riquilla?-dijo detrás de ella una soberbia y burlesca voz que creyó conocer.

De todos modos, quiso asegurarse de que estaba en lo cierto, descubriéndose el rostro miró a través del espejo y allí estaba a solo unos pocos centímetros de ella, pero no se asusto, de hecho hasta sintió que lo había extrañado. Solo le dio un vistazo, estaba tal y como lo recordaba, alto, macizo, con sus evidentes músculos que solía presumir, su rostro ovalado, ojos marrón oscuro, nariz recta y hoscos labios, acompañado siempre de una expresión de rudeza y arrogancia. Ella, lerdamente y sin darle importancia se dirigió hacia el botadero a arrojar el paño desechable.

-¿hasta cuando me vas a ignorar? Dijo frustrado, avanzando junto a ella, obstruyéndole el camino, y arrinconándola en la pared invadiendo todo su espacio personal y haciéndole sentir su agitada respiración ocasionada por la carrera.

-Víctor, en verdad hoy me siento mal, no estoy de humor para tus estupideces.-le respondió cortante y lacónica, intentando hacerlo a un lado, pero él no se movió ni un centímetro. Colérica alzó su mirada para verle de lleno en la cara, y percibió algo que no había visto en nadie jamás, excepto en la televisión, y se sorprendió primordialmente porque era el rudo y pesado de Víctor Zuazo quien la miraba de ese extraño modo.

No era el mismo Víctor de siempre, tenía el rostro enternecido y afligido a la vez, parecía que sufría desesperadamente, como si tuviera algo urgente que decir y si no lo hacía explotaría.

-no lo puedo soportar, dijo oprimiendo sus ojos y negando con la cabeza.

Emma realmente se empezaba a asustar, no podía creer que se encontrara en una situación así, y mucho menos con Víctor Zuazo, empezó a incomodarse y le aterraba la idea de preguntarle a macizo chico que era lo que no podía soportar. Horrorizada vio como los labios del muchacho se entreabrían lentamente para pronunciar palabra. No quería escucharlo, estaba avergonzada y sofocada, se abatía en grandes deseos de taparle la boca para impedir que este le dijera cosas que ella sinceramente no quería escuchar, no por parte de él.

-¿Emma? Dijo una dulce y preocupada voz entrando en el lugar.

Aliviada y agradecida volteó su mirada y vio la delgada figura de Ina con semblante estremecido, de inmediato Víctor se arrojó a metros de Emma como si lo repeliera un fuerte imán.

-disculpen, dijo Ina avergonzada, -es que…, decía aclarando sus ideas, -Emma, me dijeron que te habías puesto mal…

- estoy bien, dijo Emma, gratificando a Ina con una sonrisa, más por que la salvó de la declaración de Víctor que por su preocupación.

-… vine a ver que te había pasado.- se explicaba Ina.

- no te preocupes nuevita, los ricos nunca mueren. Dijo Víctor mordazmente antes de atravesar la salida.

Todo se quedo en un contrariado silencio, Emma en medio de su alegría porque alguien llegó en ese momento a “rescatarla”, no había caído en cuenta de que fue encontrada en una situación bastante incómoda, y por la persona menos indicada, su nueva amiga Ina.

-¿y qué te pasó? Le preguntó la chica algo incrédula.

-nada, solo me maree, contestó, recordando lo mal que se había sentido hace algunos minutos, y un nudo se atoró en su garganta especulando acerca de lo que Ina y Fabián habían estado hablando. Tuvo grandes deseos de preguntarle de que había estado hablado con el chico tan felizmente, pero se contuvo al escuchar esa vocecilla dentro de su cabeza que articulaba: -Emma a ti que te importa de que hable Ina con Fabián, ella es libre de hablar con quien quiera, deja de pensar tantas estupideces, apenas la acabas de conocer, y ni siquiera es tu amiga, solo son compañeras de escuela, eso lo sabes muy bien, no alucines.

Los argumentos de la vocecilla acerca de la pregunta que Emma quería tanto formular, eran demasiados en contra de esta y Emma no tenía ningún argumento a favor, pues no entendía ni porque le molestaba tanto que Ina hablara con Fabián.

-ven, vamos, la escuchó decir a Ina con gesto un poco decepcionado, mientras se dirigía hacia la puerta.-tienes que hidratarte, agregó tomando rumbo hacia la cafetería.

No hizo más que seguirla dócilmente, Ina no la miraba, y cuando hablaba notaba que algo en su voz no era igual, -seguro por lo de sus padres es que encuentra afligida, pensó,- pero para reír con Fabián Lorca, ahí si no está afligida, argumentó amargamente en su pensamiento mientras Ina pedía en la tienda una botella de agua.

-toma, dijo la delgada chica, acercándole a Emma el frasco lleno del transparente liquido, esta lo recibió dando gracias desganadamente e intentó abrirlo mientras se sentaban en una mesa de la desocupada cafetería. Al ver los esfuerzos fallidos que obtenía al querer abrir la botella, Ina, impaciente se la quitó de las manos, abriéndola y regresándosela con una mirada lastimera, Emma se sintió avergonzada ante la acción y expresión de Ina, pero no la culpó, pues recordó su horrible y demacrado reflejo en el baño.

-realmente estoy patética, repasó, recordando la miraba el profesor con sus enormes ojos asustados y que hasta los gemelos Almadoz habían sentido compasión por ella.-doy lastima ¿cierto?, preguntó abatida, mirando a Ina por un momento para luego clavar la mirada en las burbujas de agua dentro de botella de la cual acababa de beber un pequeño sorbo, decaída resolvió ocultarse de los verdes y gráciles ojos de la otra chica.

-¿la verdad?..., Respondió preguntando la otra muchacha, subiendo las cejas y apretando un poco sus labios generando una expresión abrumada.

-no tienes por qué estar aquí, sentenció Emma amargadamente. Pudo percibir que un gran enojó se apoderaba de ella, y al decir esas palabras brotaron otras que no pudo retener más.

-Deberías regresar con Fabián. Agregó punzantemente.

Ina se la quedó viendo un poco desconcertada, pero no tuvo señal de arrepentirse de lo dicho anteriormente por lo visto esa pregunta de doble sentido había ofendido profundamente a Emma, así que solo se limitó a decir: -si así lo prefieres… y se levantó del asiento firmemente; acción que parecía querer hacer desde hace mucho y se adentro en el abierto corredor.

Emma se quedó allí abandonada, decaída e indignada, nunca antes se había ofendido con nadie del colegio, su ira no la dejaba pensar claro, los odiaba, los odiaba a los dos y lo peor era que no sabía porque o mejor se engañaba negando que conocía muy bien el por qué. Permaneció sola en silencio por un rato más, estrangulando con sus manos el frasco de agua causándose más daño ella que al recipiente que permanecía trasparentemente invicto esperando ser bebido.

Los minutos transcurrieron llevándose a su inexplicable ira y una vez dejando atrás esos arrebatados sentimientos meditó con detenimiento todo lo que había ocurrido ese día, empezando por lo que paso con Víctor, en la vida había visto a alguien actuar de esa manera ante ella, cuanto más lo recordaba, la escena se asemejaba más a la de una telenovela o una película romántica, de las que ella acostumbraba a ver por pasar un rato más de su deprimida vida, pero de hecho nunca había soñado ni fantaseado que algún día eso le pasara a ella. ¿Y si todo lo imaginó? ¿ y si solo Víctor la estaba fastidiado como siempre solía hacer?, si todo fue una alucinación producto de su mareo…, no, no era así, lo pudo verlo en la cara de Ina al ser descubiertos en el baño, Víctor estaba estremecido parecía a punto de llorar, realmente le iba a confesar algo, algo que ella agradeció rotundamente no escuchar.

Al ser sorprendidos Ina había conseguido lo que ella no pudo, hacer que Víctor guardase la distancia y ¡vaya que si la guardó!, se arrojó al otro extremo lejos de ella en cuestión de milésimas de segundo, para luego con una sátira de las que acostumbraba emprendió la retirada retornando a ser el mismo afortunadamente.

Dejando atrás a Víctor Zuazo, Ina inundó sus pensamientos de nuevo, dolida arrepintiéndose de lo que le había dicho, había sido tan grosera, pues la chica solo quería ser amable con ella, y ella la rechazó rudamente. Recordó las palabras de la joven antes de que decidida se marchase del lugar; “si así lo prefieres” había dicho, no, la verdad era lo que menos quería, ¿cómo pude haberle dicho que volviera con Fabián?, se reprendía mentalmente.

Tal vez la chica le había hecho caso y seguro estaría con él carcajeándose de nuevo. En ese momento comprendió que hay cosas que se deben mantener en silencio, porque cuando afloran, dañan y lastiman aún más la ya existente herida.

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