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8.TEDIOSA AUSENCIA

TEDIOSA AUSENCIA

Se despertó en medio de la madrugada todo estaba oscuro y un tormentoso silencio reinaba en el lugar. –Nada más calmado que las residencias del sur. Recordó la cita dicha por su padre cuando le daba por apreciar su “humilde casa”. Vivian allí desde que Emma tenia memoria, pero no había sido así siempre, llegaron justo después de su nacimiento, cuando su hermano tendría unos seis años. En su niñez él acostumbraba presumirle como habían sido sus vidas en Ontario, y de allí su fascinación por otros países, y premonitoria deserción del “hogar”.

-… donde tú me pidas estaré!!!,una voz de un hombre cantando fuerte y lúgubre le taladraba la cabeza, se acompañaba rítmicamente con el potente sonido de unos estrepitosos platillos, y unas estridentes cuerdas de bajo y guitarra. Se había dormido escuchando una canción en el reproductor, una de las que Ina amablemente le había transferido el otro día en la cafetería, el dolor de amar, se llamaba, y la había repetido una y otra vez la noche anterior hasta quedarse dormida.

No pudo conciliar el sueño de nuevo e inquieta dio vueltas en la cama durante quince extensos minutos que le parecieron una eternidad. Harta de repasar pensamientos trillados, decidió ir a vagar por internet, se levantó en la negrura de su habitación, se dirigió al escritorio en penumbra que a la luz de día era de color pardo oscuro, pero a esa hora todo en su dormitorio estaba oculto bajo las sombras. En los estantes del estudio, reposaban libros adquiridos hace años que sus páginas había repasado con interés en el pasado, veteranos y estancados discos compactos que ya no escuchaba, y también se encontraba la atribución de ese escritorio: su computador que hace días no encendía, desde la ocasión en que buscó sobre el periodo Edo, el tema de clase que se perdió por estar distraída, fue el día que la conoció a ella, ese dulce día.

La tela del pantalón de su pijama lila con lunitas se arrastraba varios centímetros en el suelo, se sentó, una vez prendió su ordenador, abrió el internet, para merodear por el buscador, investigó lo primero que se le ocurrió, calotes mach escribió recordando la música de Ina, que había estado escuchando desde la noche anterior. -Calotes mach, banda de rock punk, su curioso nombre se deriva del numero mach y…. -Calotes mach, banda Rock, interpretado como sonido engañoso, velocidad del sonido tramposa…, Calotes mach Club de fans… , la biografía…, sus integrantes…, En vivo..., concierto en …- aparecieron más de 10 resultados en la primera pagina, decidió dar click, en la primera opción, aguardo un segundo, la pagina no se abrió, sintiendo esa común frustración adolescente cuando pasaba este tipo de cosas, intento de nuevo, y nada, probó con la segunda opción y tampoco, fastidiada se dio por vencida resolviendo ir mejor a su correo, este si resultó; un letrero le deseaba la bienvenida de vuelta , tenía como cinco mensajes sin abrir, todos decían: Fernando, paso la mirada, sin mucho interés, y en la inspección pudo leer:

Fernando: Hola? Donde andas.

Fernando: Te tengo que contar algo.

Fernando: Emma? Responde.

Fernando: peque feliz cumple.

Fernando: Hola conéctate.

No le interesó abrir los caducados mensajes, así que acto seguido cerró las páginas y se quedó allí sentada meditando en la oscuridad.

***

Al llegar al colegio, las cosas parecían bastante normales, se preguntó qué pasaría entre ella e Ina después del “pequeño” altercado que tuvieron el día anterior, comenzó a sentir como un fuerte miedo se aferraba a sus deducciones. Aguardó por su llegada, sentía como si tuviese un gran agujero en el fondo del estomago que se la carcomía lentamente,- ¿la estaba esperando?, ¿estaría enojada?, ¿le habrían afectado las palabras proferidas por ella el día anterior?, o ni siquiera le había dado importancia a los trastornados arranques de una niña chiflada y anoréxica, si una anoréxica, eso era lo que era, en lo que se había convertido por su falta de apetito causada por su imperecedera depresión.

Se atormentaba especulando que pasaría cuando Ina cruzara la puerta del aula de clase, la saludaría como siempre o decidiría ignorarla y pasar de largo pretendiendo que no existiere, la duda la asaltaba haciendo estremecer todo su ser. Todavía faltaba que llegaran unas siete personas más, vio como hacían su arribo los Almadoz, Felipe Florián, Lina Goiti, incluso su recién malquisto Fabián Lorca, entre estos también llegó Víctor que con una esquiva mirada paso de largo hasta el fondo del salón, Emma aliviada exhaló aire y comprendió que el chico parecía haber recapacitado, y había vuelto a ser el mismo de siempre. Ya era tarde, la profesora Agra acababa de comenzar a impartir su excepcional clase, e Ina no llegaba. Sus ojos lentamente se cerraban, pues su cuerpo reclamaba recuperar el sueño perdido en las pasadas horas de la madrugada, y la maestra Agra no colaboraba mucho con su aburrido parloteo. La esperó, y la esperó, pero ella no asomó ni en las siguientes dos horas de la soporífera asignatura, dejando un lugar vacio en la estancia, un lugar que Emma añoro sentidamente fuera ocupado por la pelinegra ojos de ángel.

-tal vez fue suspendida, decía en su mente, aferrándose a esa falsa idea, pues sabía muy bien que para que fuese suspendida tendría que haber llegado más de tres veces tarde, cosa que Ina no había hecho ni la primera vez.

Para su frustración Ina no apareció durante toda la mañana, al finalizar las clases no lo soportó más, y se dirigió a la rectoría. Metros antes de llegar, una voz vagamente familiar la llamó, pero ella no recordaba haberla oído parlar nunca, y menos que le haya dirigido la palabra. Era nadie mas y nadie menos que Fabián Lorca, aunque él había pronunciado su nombre, Emma volteó a mirar un tanto incrédula, le pareció tan extraño el llamamiento del muchacho que hizo una seña indicándose con su dedo índice directo al esternón (- ¿me llamas a mi?), el chico le confirmó su duda al empezar a avanzar para acercarse a ella.

-hola, disculpa, es que me preguntaba… si no has visto a Ina- expuso cortésmente.

Detrás de la castaña mata de pelo que traía el chico, se podía apreciar un rostro agraciado, con ojos marrón oscuro, nariz un poco achatada y labios acorazonados, todo este conjunto de rasgos bajo una trigueña y tersa piel.

-no, ella no vino hoy a estudiar, le dijo Emma intentando hacer que él recordara ese hecho ya que habían compartido todas las clase y la ausencia de la chica nueva había sido evidente.

- si lo sé, pero pensé que vendría después de las clases.

Al escuchar esa afirmación, percibió un nudo que se atoraba en su garganta queriendo salir punzantemente a preguntar: - ¿Y a qué vendría Ina después de clase?, pero esta vez pudo retenerlo,- recuerda Emma es mejor callar, se reprendió a sí misma, perpetuando lo que había ocasionado la última vez que permitió que salieran de su boca palabras cargadas de hostilidad, y comprendió que estaría mejor al no saber qué harían Ina y Fabián después de clase.

En ese momento, el rector pasó por el lado de ellos,- Lorca, ¿no debería estar usted ya en el teatro?, dijo el encorajado y robusto hombre agudamente.

-Sí, para haya iba- afirmó el chico y sin más emprendió camino por el pasillo.

-¿En el teatro? Caviló Emma intranquila, mientras el rector tomaba rumbo a su morada de mando, ella vaciló un poco para luego alcanzarle el paso.

-disculpe, señor rector...

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