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4.CICATRICES DEL PASADO

CICATRICES DEL PASADO

 

-Emma, Emma ,¿Emma? Repetía constante una espesa voz.

No sabía de dónde provenía, solo quería ignorarla y seguir durmiendo, pero esta resonaba cada vez con más firmeza.

- Emma, Emma, despierta.

Interrumpiendo su sueño, decidió abrir los ojos irritada, y pudo ver que un hombre de cabello rojizo y aspecto frívolo la miraba con aprensión, alto acuerpado de unos cuarenta y cinco años de edad, con rostro pleno lucia estresado aunque todavía permitía ver lo guapo que había sido en su juventud, era su padre el cual no veía hace tres días.

-Querida, -dijo una suave e hipócrita voz que conocía muy bien, esta provenía del otro costado de su cama, así que sin decir nada se sentó para poder visualizar a sus dos padres y escuchar lo que tenían para decir.

– oh querida, -volvió a decir su madre, con cara de angustia, la Señora Belaustegui a pesar de sus cuarenta y seis años aun conservaba su hermosura, gracias a innumerables tratamientos de belleza y unas cuantas cirugías, de tez blanca y cabello rubio cobrizo artificial, ojos marrón al igual que los de su pelirrojo esposo; la cara redondeada, nariz y boca simétricamente ubicadas, rasgos que heredó a su única hija.

- lo sentimos mucho princesa, volvió a decir su madre en tono suplicante.

- ¿Qué? –Preguntó Emma abrumada.

- lo de tu cumpleaños nena, dijo su padre.

–ah , dijo Emma serena y comprensiblemente, pues esta no era la primera vez que sus padres olvidaban su cumpleaños.

-lo sentimos de verdad, cariño, es que la agencia…- se justificó su padre.

-y la clínica, agregó su madre.

-oh, dulzura, pero te compraremos lo que quieras.

-si lo que quieras, o ¿deseas una celebración? Como cuando cumpliste quince recuerdas…

-oh que bella recepción, los Airoldi quedaron encantados, -empezó su madre a conmemorar la inolvidable fiesta de quince años que le habían hecho dos años atrás.

-o quizás desees ir de viaje como tu hermano.

-no nada de eso, decía Emma mientras sus padres fantaseaban acerca de las celebraciones de cumpleaños.

- o es acaso que quieres un auto nuevo, porque ese Audi verdaderamente…. Alcanzaba a especular su padre siendo interrumpido por su esposa que no paraba de hablar de Europa.

– Lyon es mágica, cuando fuimos en el verano…

- acaso un Porsche… retomaba su padre.

-no, no, no, nada de autos se apresuró a acallarlos.

-entonces, ¿prefieres el viaje?, se aventuró a decir su madre con una sonrisa triunfadora.

-¡no!- dijo antes de que tomaran su desacato como un sí.

-yo… solo voy a pensarlo, ¿bien?, les dijo intentando convencerlos.

-oh, está bien preciosa, nos avisas cuando te decidas, ¿okey?

-así lo haré- exclamó ella con ganas de que se desalojaran su cuarto lo más pronto posible.

-bueno, adiós nena, dijeron los dos al mismo tiempo y no desaparecieron de su vista sin antes darle un beso en la frente.

-uff, que pesados, pensó Emma a quien en realidad no le interesaba mucho un regalo de cumpleaños, conmemoró a su hermano que hace mucho no veía, él si se hubiera aprovechado de esa situación para pedir cuanta cosa quisiera, pero el cumpleaños de él sus padres nunca lo habían olvidado ya que el muchacho siempre lo tenía muy presente para pedir costosos obsequios, lo último que había pedido fue un apartamento en Madrid y desde entonces no había regresado a casa. El tampoco había recordado su cumpleaños, pero eso no le extraño ya que su hermano era bastante bohemio, y no era de extrañarse que se encontrara en algún retiro espiritual o algo parecido, completamente alejado de la civilización. Una sensación de melancolía la recorrió al recordar que Fabiola su empleada que apenas llevaba un año trabajando allí, si la había felicitado.

***

De retorno al colegio percibió las horas más rápidas de lo normal, seguro era porque ese día no estaba tediosamente lluvioso como los anteriores, aunque el sol solo asomaba unos cuantos rayos era un lindo día según su apreciación. Durante el receso fue a la cafetería como siempre acostumbraba, pero esta vez aguardaba la esperanza de encontrarse con Ina, algo que no sucedió, pues no vio ni rastros de la chica por ahí, y una vez más se sentó sola en la mesa para cuatro, y se mofó de su tonta idea de encontrarse con Ina en la cafetería, el hecho de que ella vaya a la cafetería no significaba que se iba a sentar en su mesa, tal vez otros chicos la invitaban a acompañarlos y seguro ella no se podría negar.

Hizo reminiscencia de quien de el salon había intentado amistarse con la chica nueva, solo encontró a contadas personas, excluyéndose de la lista, en primer lugar estaban las inseparables superamigas Lina Goiti y Lucia Mejía , las cuales habían hecho el acercamiento el día después de la llegada de Ina al colegio. Emma las pudo escuchar especulando de la nueva estudiante con la popular Tatiana Acevedo y su séquito de inseparables amigas, otros que se habían acercado eran los gemelos Almadoz que con sus idénticos rostros la habían ido a embrollarla un poco, pero fueron espantados de los alrededores de Ina ya que sus precoces novias de doce y trece años les armaron una escena de celos al ser vistos rondando a la chica.

Sucedió igual cuando Emma llegó al colegio un año atrás, todos habían demostrado un cierto interés en ella y luego la habían rechazado, revelando envidia por una chica adinerada que vivía en las lujosas residencias del sur. Los más atrevidos empezaron a lanzarle indirectas por querer mezclarse en la escuela pública, y otros como Tatiana Acevedo intentaron sacar conveniencia de su dinero, Ella los desconoció a todos así que poco a poco fueron reduciendo los acosos, a excepción de Víctor Zuazo que continuaba de vez en cuando diciéndole patanadas zafias y fuera de contexto, pero Emma aparte de repulsión y aversión le guardaba una insondable lastima, y no le quedaba más remedio que hacer caso omiso a las bazofias que le insinuaba en sus delirios de macho. Pero esa semana extrañamente Víctor no se había aparecido por la institución, así que Ina no había tenido la oportunidad de conocer a tan interesante espécimen de ser humano. -no sabe de lo que se está perdiendo, pensaba Emma sarcásticamente.

Un aspecto que le había extrañado era que el paradójico de Fabián Lorca mostraba cierto interés en Ina y lo más inaudito aun era que parecían compatibles, cuando se saludaban o hablaban en el cambio de asignatura.

Una vez finalizaron la clases acudió a reunirse con Ina, la cual la recibió con una amable sonrisa.

-¿con que vamos a empezar? –preguntó interesada.

­-no lo sé… yo …, decía Emma vacilante.

-mira, gracias por tus apuntes, le dijo puntualmente devolviéndole sus cuadernos.

-de nada, respondió Emma un tanto abrumada, un sentimiento que no abandonaba desde los últimos días.

-eh, te llamas Emma, ¿no es así?

-si –afirmó Ella venturosamente.

-ah, bueno Emma, solo me falta terminar de copiar una parte- explicó señalando un cuaderno que estaba en las manos de la otra chica.

-ah, por supuesto, respondió esta regresándole el cuaderno de apuntes señalado.

De inmediato Ina acudió a sentarse en el puesto más cercano ubicado a pocos centímetros su derecha. Emma se sentó en el asiento de al lado y empezó a observarla con curiosidad, esta vez la muchacha no llevaba puesto su descolorido suéter gris, seguro lo había guardado en su bolso azul marino que era el único en su indumentaria que resplandecía coloridamente, sus grandes audífonos descansaban en su cuello como siempre, y la blusa del uniforme marcaba su pequeños y firmes senos, su cabello lo traía mas desordenado que el día anterior, los pocos rayos del sol permitían ver que su cabello originalmente no era negro, ya que las raíces de este mostraban su color natural castaño claro.

Emma continuó contemplando a la joven que tanto le llamaba la atención, escribía con la mano izquierda de una forma extraña y poco común, parecía que le costara trabajo escribir, se inclinó un poco para ver su escrito y descubrió que la muchacha poseía una hermosa caligrafía pero no fue lo único que reveló, pues pudo ver que la chica tenía en su muñeca una gran rosada y abultada cicatriz horizontal, inconscientemente su mirada buscó la muñeca derecha de la joven en donde halló otra tajante sutura aún peor que la anterior. Sorprendida y desconcertada, volteó a mirar a la muchacha y descubrió que esta ya la estaba observando de lleno en la cara como acostumbraba hacer. Era ese el momento en donde Emma se ruborizaba inevitablemente, pero esta vez Ina no le dio tiempo de nada y se descubrió un mechón de su corto cabello, permitiendo ver otra cicatriz que reposaba en el lado izquierdo de su cuello igual de profunda que las anteriores.

-lo hice por un chico, dijo sosegadamente, dando respuesta a la pregunta que Emma no había hecho, pero que resonaba en su cabeza interrogante y aterrada. Al ver que la chica no tenía reacción alguna, más que su cara de aprensión, Ina optó por retomar a sus apuntes.

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1 comentarios:

♀♥Pukiimiizha♥♀ dijo...

ToT

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