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2.LA VENTANA

LA VENTANA

Intentó buscar a la extraña chica escudriñando con la mirada el tumulto de personas que se arremolinaban en la húmeda e inundada entrada, le fue muy difícil tratar identificar a la jovencita, ya que la mayoría de chicas llevaban puestos suéteres con la capota, su opción era solo buscar un suéter gris desgastado, pero no lo encontró, decepcionada e intrigada se dirigió a su salón de clase el tercero del segundo piso donde rezaba la inscripción Grado 11-3.

Mientras subía las escaleras el ruido de los pupitres y estudiantes hablando, riendo y gritando empezó a disminuir y poco a poco todo quedo en silencio, era obvio que ya habían empezado las clases y Emma había llegado tarde…

Al parar en su salón, abrió la puerta remolonamente y una voz fuete y chillona resonó dentro.

-Buenas noches señorita Alberdi- le dijo aquella voz, y vio dentro a una mujer delgaducha, de cara pálida y ojos grandes que sobresalían encima de unas curvadas gafas, con ropas holgadas y cara de pocos amigos, esa era la profesora Rosaline Agra más conocida por los estudiantes como Rosaline “Agria”, tendría aproximadamente unos 45 años o más, era solterona y amargada muy amargada, ese aspecto en especial había causado la transformación de su peculiar apellido. Emma a veces se preguntaba si ella terminaría así como su maestra, la idea le aterraba.

Indignada no dijo nada y se limitó simplemente a hacer una mueca de presentar excusas y en silencio se dirigió a su lugar ubicado en el centro del salón con las miradas de sus compañeros clavadas en ella, sin darse cuenta que su lugar ya había sido ocupado, se enteró demasiado tarde cuando ya había llegado hasta allí, y sintió como un calor subía hacia sus mejillas y pudo ver que el chico que había robado su lugar se burlaba silenciosamente de ella.

Empezó a buscar con la mirada un lugar vacio en el recinto y al mirar a la izquierda vio a alguien que no debería estar allí, una chica sentada en el quinto asiento de la quinta fila cerca de los ventanales, la muchacha no miraba a Emma como todos los demás; se encontraba distraída mirando a través de la ventana.

Emma aclaró sus ideas y halló un lugar en el quinto asiento de la segunda fila, horizontal al lugar que ocupaba la chica misteriosa. Apenas alcanzó a sentarse y la Señora Agra prosiguió con la explicación de la clase interrumpida.

- el periodo Edo abarca desde el año 1600 al…

Posó sus ojos en la pizarra donde se podía ver a la maestra Agra escribir con entusiasmo en un derroche de sabiduría digno de ella, no había nada que exaltara mas a la señorita Agra que hablar de la historia universal, intentó concentrarse en la explicación pero le fue casi imposible, el lugar que había tomado estaba muy alejado del que generalmente ocupaba, desde allí podía ver casi a todos sus compañeros, Tatiana Acevedo sacaba su espejo cada tres segundos para darle una ojeada a su retoque de tinturado rubio caoba, Lina Goiti y Lucia Mejía se arrojaban bolas de papel con mensajes dentro y reían en silencio cuando leían el contenido de la nota, Fabián Lorca rayaba el pupitre tallando su madera con negra tinta que combinaba con sus uñas pintadas de ese color.

Para Emma era muy difícil prestar atención a la señorita Agra teniendo a unos compañeros de clase tan llamativos, como lo era también Felipe Florián que la mayor parte del tiempo estaba comiendo, lo que lo tenía en un gran estado de sobrepeso, lo que Emma se acababa de enterar era que el chico también comía en clase, de dentro de su mochila sacaba furtivamente trozos de lo que parecía era un sándwich que se atragantaba pícaramente en su boca agrandando más aun sus ya gordas mejillas y triturando con dificultad, pero esto a ella no le extraño nada, de hecho le pareció simpático el comportamiento del corpulento gordinflón.

Pero aparte de sus interesantes compañeros de clase, había alguien que le llamaba más la atención, y sin querer desvió la mirada hacia los grandes ventanales del recinto. Y allí estaba la joven, era la misma chica despreocupada con la que se topó camino al colegio tan solo unos minutos antes.

La joven seguía mirando por la ventana la lluvia caer fuera, esta vez la pudo ver más de cerca, todavía llevaba el gorro del saco puesto y tenía unos grandes audífonos tapando sus orejas, - Vaya, otra que no presta atención a la clase, -pensó Emma; mientras seguía observando a la adolescente. Su mano derecha se encontraba sosteniendo su mentón ocultando de la vista su boca y parte inferior del rostro, sin embargo Emma pudo ver en esta un perfil casi perfecto, la nariz fina ojos grandes claros un tanto taciturnos, podía adivinar que eran verdes. De su frente amplia se descolgaba un mechón corto de cabello negro que caía en su ojo derecho; no tenía ni una gota de maquillaje en su rostro y sin embargo se veía hermosa.

-durante la colonización extranjera…- decía la profesora en un tono más sosegado que cuando había comenzado su relato.

–después buscó en internet sobre eso, pensó Emma y siguió observando a la chica mientras la voz de la maestra se alejaba y perdía el sentido dentro de su cabeza; pudo ver que el zapato izquierdo de la joven estaba desgastado en su suela, al igual que las mangas de su suéter que permanecían deshilachadas y con rotos, los cuales usaba la muchacha como guantes introduciendo su dedo pulgar en un roto de ambas mangas.

Sin darse cuenta Emma reía en silencio al ver que ingeniosa forma de abrigarse y de pronto sin previo aviso, la chica volteó a mirarla de lleno, Emma dio un brinco al ser sorprendida, e inmediatamente retorno su vista al pizarrón, sacando su cuaderno y empezando a tomar apuntes apresuradamente. Un rato después, cuando sus sonrojadas mejillas ya habían perdido la vergüenza dirigió de nuevo unas miradas furtivas a la extraña chica manteniendo el temor de que la sorprendiera viéndola de nuevo, pero eso nunca ocurrió, ya que la chica permaneció todo el tiempo mirando la lluvia caer a través de la ventana.

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