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26.CONFESIÓN

CONFESIÓN

Había estado dormida, se sentía cansada y abatida, ni siquiera se molestó en abrir los ojos quizá con la esperanza de reprimir el acto de pensar que fluyo solo una vez tuvo conciencia.

De nuevo la había dejado hablando sola, ¿por qué se comportaban así?, era unas estupideces, por qué cada vez que intentaba que las cosas se dieran estas se complicaban aún más.

Recordaba haber llegado a su casa y estar subiendo las escaleras pensando todavía en el enojo de Ina y en los reclamos que le había hecho, innegablemente también pensaba en el descontrolado, excedido y propasado beso que le había dado, seguía asombrada de sí misma, ¡era la biblioteca! cualquiera habría podido verlas, ahora si la idea la aterraba, sin embargo lo que le acongojaba más era la indiferencia de Ina. De pronto todo se había tornado borroso para después sumirse en obscuridad absoluta mientras caía irremediablemente por los escalones recibiendo un sonoro golpe en la parte derecha de su frente. Despertó en la clínica con dolor de cabeza y una punzante intravenosa adormeciendo su mano; Su padre estaba alterado y su mamá lucia algo sentida mientras evitaba a todo costo mirarla a la cara. No sabía cuántos días le esperaban recluida en el lugar pero la preocupación de su padre era la prueba que no saldría fácilmente. Realmente no le importaba mucho estar allí, de todas formas allí o en su casa hacia lo mismo de siempre: recostarse en su cama y pensar en Ina, era un sufrimiento inmutable pero satisfactorio por lo menos la hacía sentir viva.

Una constante opresión en su mano la fastidió hasta el punto de hacerla abrir los ojos para investigar de quien se trataba, pues le sujetaban con permanencia la adolorida mano derecha, pensó quizás que era su madre aunque desecho la idea al reconocer una suave y tersa piel. -¿Ina?, exclamó asombrada en un susurro al ver a la chica pelinegra recargada en la cama justo al lado de su muslo derecho con la cara aplastada contra el acolchado que solo le permitía ver su revuelto cabello, pero era irrefutable que era ella, quien más que ella: su bello ángel. Se incorporó sentándose para tener una mejor visión de la muchacha que parecía haberse quedado dormida, se preguntó cuánto tiempo llevaría allí.

-¿Ina?, La volvió a llamar esta vez dándole un pequeño sacudón que surgió efecto haciendo que la somnolienta muchacha se despertara dando un brinco que la llevó a ponerse de pie en instantes.

Su pávido rostro hablaba por si solo cuando ella parecía por primera vez haberse quedado sin palabras; lucia aterrada, despeinada y mojada, (tal vez la lluvia la había sorprendido llegando al lugar).

-¿No tendías que estar en el colegio?, se animó Emma a preguntarle procurando darle fin al incomodo silencio originado.

-Ajam, le contestó la chica saliendo un poco de su asombro.-¿Te duele?, agregó de inmediato echando de ver el vendaje en su frente.

-¿Qué tienes en la mano?, Le examinó la otra ignorando su pregunta.

-Es una larga historia…, se justificó Ina observando pasajeramente su puño.

-Pues mírame, dijo la pelirroja como echando un vistazo a su alrededor.- tengo tiempo, habla, Le sugirió divertida.

-Emma, en serio…ahora No quiero pelear contigo, le refutó tornándose importunada.- estoy cansada, cansada de esta situación. Le dijo con flojera, dando un audible y fatigoso suspiro.

-Ah pues qué bien que lo mencionas, argumentó la otra avivada,- yo estoy cansada de que me dejes hablando sola. Soltó consternadamente.

Ina bajo la mirada hasta sus zapatos y no dijo más.

-lo de Víctor paso hace mucho… empezó a decir Emma antes de que Ina salga evadiéndola.- … acababa de llegar al colegio… yo tenía dieciséis, yo solo quería… bueno, tu-tu sabes…, empezaba a enmarañarse arrepentida de haber abierto la boca. -… ya has visto a Víctor, bueno yo no lo conocía mucho, fue como un experimento. Remató desastrosamente.- lo que quiero decir…, empezó de nuevo avergonzada de sus insensibles afirmaciones.

-ya te entendí, afirmó Ina interrumpiéndola, -no quiero los detalles, Gracias. Le dijo con actitud sagaz.

-pero no es lo que estas pensando, le aseguró aterrada de la cara de incredibilidad de Ina.- yo no me acosté con él, le testificó convincente, y continuó certificándole ceñuda al ver que la pelinegra no cambiaba su escéptica expresión. -Ina, es la verdad, solo fueron un par de…

-está bien, está bien, la cortó la chica,- Te creo. Le dijo sintiéndose oprimida porque también se vería obligada a contarle lo que paso con Fabián.

Permanecieron un momento más en silencio pero Emma estaba decidida a componer las cosas entre ellas confiando en que no se dañarían más.

-Ahora la pregunta es:, anunció Emma decidida. -¿yo soy tu experimento? preguntó con cara algo agobiada esperando la contestación a la duda que tenía desde hace mucho mas no había tenido valor de preguntar y de hecho antes no había podido conseguir “las palabras adecuadas”.

-No, afirmó Ina resuelta.- ¿yo soy el tuyo?, Le devolvió seriamente la cuestión.

-No, no lo eres. Dijo la pelirroja imitando apocadamente la resolución de la otra chica.

-Ah es bueno saberlo, opinó la chica en tono socarrón.

-bueno entonces, ¿Qué podremos ser?, Preguntó Emma vacilante y a la vez atónita de su indagación.

-yo creo que tú ya has encontrado la respuesta, le aseguró furtivamente la pelinegra tornándose un poco incomodada de la situación, mientras Emma se ruborizaba como era común en ella.

-veo que te has dado cuenta, agregó la pelirroja aparentando regocijarse sin poder evitar recordar la inolvidable escena en la biblioteca. Ina se limitó a dedicarle un leve gesto de resignación.

-ahora, me dirás…,empezó a decir -¿Por qué te matas de hambre?, Sentenció detractoramente cambiando de tema sin previo aviso.

-yo no me mato de hambre…, le contestó la chica abatida por el abrupto cambio de la conversación.

-Ah ¿no? Cuestionó Ina suspicaz. –¿qué no te has visto en un espejo?, Le soltó impetuosamente.

-¡oye!, le sermoneó la otra ofendida. –tú eres flacucha también, se excusó poniéndola como ejemplo.

-Bah, se expresó la otra chica al escuchar las arbitrarias escapatorias que exponía para su condición.-No tiene punto de comparación, yo he crecido en un orfanato. Le aseveró en su contra.

Emma no encontró argumentos contra eso, pues se sintió que estaba siendo muy mal agradecida, y solo pudo objetarle una infantil mueca de descontento.-ya Ina, ¿qué quieres que diga?, lo siento… ¿no lo volveré a hacer?, Le discurrió afligida.

-Bueno por algo se empieza…, le comentó la otra chica volviéndose más tolerable evitando otra vehemente disputa y dirigiéndose a la silla más próxima a la cama.

-puedes hacerte aquí si quieres, le dijo la pelirroja formándole un lugar al lado de ella dejando atrás su aflicción. Ina aunque un poco contrariada acepto la invitación sentándose a su lado.

-¿está lloviendo?, Le curioseó sintiendo el contacto de su húmedo suéter.

-cuando llegué, si, le contó mirándola directo en la cara con sus veraces e intensos ojos.

-¿Qué?, Le averiguó sosteniéndole lo más posible la mirada.-¿me besaras?, La retó ocasionando que a la chica se le dilatasen un poco las pupilas.

-¿qué harías si llegan tus padres?, Le escrutó fulminante Ina mirando cautelosamente hacia la puerta.

Emma se atemorizó con la idea y optó por mostrarle súbitamente con su índice un lugar en su mejilla derecha, Ina mostró su perfecta sonrisa y acató de inmediato la indicación propinándole un pequeño besito que se fue fuera del lugar indicado aproximándose a los inicios de sus rosados labios. Luego automáticamente las dos miraron hacia la puerta para en seguida dirigirse unas cómplices miradas.

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