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28.BOMBÓN DE CHOCOLATE

BOMBÓN DE CHOCOLATE

Después de un buen rato acabaron de besarse, por suerte nadie había llegado en el “fatídico” momento a interrumpir sus explicativas afecciones; estaban consumidas y gastadas por el casi sempiterno momento, después algo avergonzadas evitaban verse a los ojos.

No había nada que decir así que se reclinaron cómodamente en la cama y Emma recostando su cabeza en el hombro izquierdo de Ina permaneció pensativa durante unos minutos. Ya no había nada que hacer, las cosas con Ina ya eran “oficiales”, eso la hacía tortuosamente feliz, nunca se había sentido tan bien, haber besado a Ina de esa forma la enloquecía hasta el impúdico punto de querer gritarle al el mundo entero,( que implicaba principalmente a sus familia y a los del colegio) cuanto quería a esa niña.

La pelirroja descansaba meditabunda, seguro se estaba reprochando con angustia por lo que había acabado de hacer, bueno no la podía culpar, era evidente que la chica había sido educada con altas pautas de mojigatería, llena de prejuicios y monomanías, era seguro que ya estaba imaginando miles de cosas, nada beneficiosas para su relación pos supuesto.

-¿Ina?, Dijo en tono temeroso y sumido en el desencanto.

-¿Qué?, Contestó la otra con ganas de salir corriendo para no escuchar lo que sospechaba, vendría…

-perdóname,…es que…, justo en el momento en que las dos se miraron a la cara un ligero toque llegó desde puerta de la habitación para fortuna de Ina, intranquilidad de Emma y susto de las dos.

Ina corrió a ponerse de pie en fugaz movimiento, mientras que Emma reorganizó las almohadas y un poco el tendido donde la pelinegra había estado recostada a su lado dejando arrugas en la sabana. Cuando todo estuvo bien le hizo una señal a la chica para que abriera la puerta, y ella aún acomodándose la falda del uniforme estirando sus pliegues y fue a abrir algo asustada.

Allí aguardaba una joven enfermera que con gesto sumiso la saludó entrando a revisar como se encontraba la paciente, Ina sintió un gran alivio de que no fueran los padres de Emma como había temido y seguro de forma más horrorizada la pelirroja también había compartido su miedo.

El ambiente se notaba tenso, era obvio que la enfermera había sospechado quien sabe que cosas de las dos, (y el despeinado cabello de Ina no ayudaba mucho a restar las suposiciones), se le advertía en su expresión y en que evitaba mirarlas a como diera lugar. Para colmo de males alguien más llegó al instante, esta vez al parecer si eran los padres de Emma, primero iba el señor alto de cabello rojo quien saludo con amabilidad y tras él se asomó una mujer que casi podía decir reflejaba el rostro de Emma dentro de unos cuantos años más, solo que en lugar de cabello rojo el de ella era rubio, la señora no saludo y de hecho ni se molestó en voltearla a mirar.

-señorita, ¿como la encuentra?, Le preguntó su padre a la enfermera mientras que los dos ignoraban a Emma rotundamente.

Las dos chicas se dirigían espeluznantes miradas suplicando que a la enfermera no se le ocurriera abrir la boca y soltar que estaban encerradas en la habitación.-ella ya se encuentra bien, le consultaré al doctor para ver si hoy se le puede dar de alta, se escuchaba decir a la señorita.

Ina entendía lo preocupante que era la situación para la pelirroja así que no dudo en solidarizarse con sus suplicas para que no fuesen descubiertas, pues aunque poco le importara lo que piense la gente de su gusto por otra chica no quería que esa chica sufriera por ese motivo y mucho más con los estrictos padres que mostraba tener; tenía que admitir también que además de eso no es que le gustara la idea de protagonizar un escándalo, tampoco era tan masoquista para desear recibir cantidad de insultos que era inequívoco ya estaba haciendo meritos para ganárselos.

-¿está segura?, Arremetió el señor con cierta desconfianza. Para Emma ya era común ser ignorada por sus padres pero no pudo evitar sentirse mal de que Ina viera la precisa relación que llevaba con ellos.

Después de corroborar las dudas del señor Alberdi la enfermera se retiró despidiéndose cortésmente dejando un gran atenuante en los oprimidos y asfixiados pechos de las chicas, permitiéndoles volver al respirar con más supuesta serenidad. Emma seguía pálida alcanzando pasmosamente los blanquecinos colores de un papel, todavía lucia nerviosa aunque no obstante aliviada por la marcha del inminente peligro.

-mira Papá, ella es Ina. Dijo casi de inmediato procurando evitar un desagradable silencio.

-hola un gusto conocerla, dijo el señor con estricta amabilidad.

-igualmente, contestó la chica incomodada ya que la madre de Emma había empezado a mirarla de pies a cabeza enfocándose básicamente en sus desgastados zapatos.

-¿Mamá?, Indagó tímidamente indicando presentarlas.

-Que tal, dijo Ina con forzada mueca optimista pues la mujer solo se limitó a dedicarle una esmerada y fingida sonrisa.

-bueno, yo me tengo ya que ir, dijo Ina procurando excusarse.

-espero que salgas pronto, le dijo a Emma y se fue lo más rápido que pudo del lugar.

-¿esa chica es tu amiga?, Inquirió su madre de forma despectiva una vez estuvieron solos los tres.

-No, es solo una compañera de clase, le dijo para protegerla de las criticas de su madre.

-¿y qué te trajo?, ¿te dio algo?, dijo la señora con tono profundamente interesado.

-emm me dio bes… besitos de chocolate, dijo descaradamente divirtiéndose de que sus padres no podían imaginar el tipo de “besitos” dados por Ina.

-¿y donde están?, Apuntó desconfiada buscándolos con la mirada por todo en el lugar.

-ya nos los comimos. Respondió impúdicamente mirándola sin vergüenza directo a la cara de manera desafiante.

-y no sabes cuánto me han gustado, no te imaginarias “mamá”. Le dijo con burla. Como disfrutaba ese momento, su madre se sentía culpable por haberle inculcado en su vida que tenía que ser una chica delgada y esta vez no podía prohibirle que comiera chocolates como lo había hecho siempre, pero lo que ella no tenía idea era que esos besitos no tenían ninguna relación con el tentador cacao y en su muy personal concepto habían estado mucho mejor que este.

-bueno ya Emma, deja ese tonito con tu mamá, la reprendió su padre.

No le quedó más remedio que callar acatando la orden del hombre finalizado sus descarados e insolentes comentarios.

-Fernando llamó ayer… , agregó su padre no con mucho interés.

-¿sí?, ¿Y qué dijo?, Averiguó Emma con alegría recordando a su bohemio hermano. –¿por qué no me llamó acá a la clínica?, Se preguntó más para sí misma que para sus progenitores.

-yo que sé, ya sabes cómo es ese muchacho, y además eso no importa ahora, sentenció el indiferente Señor. -Ahora tenemos que hablar respecto a tu salud…

***

Sus padres habían insistido en que debería quedarse un día más en la clínica, después de los sermones de su padre sobre su alimentación y de todo lo que ellos le brindaban para “su felicidad” como siempre no le había quedado más opción que acatar sus indicaciones y obedecer mansamente a todo lo que ellos querían para “su bien”, aunque su madre no pronunció palabra parecía apoyar todos los arbitrajes dados por su esposo. Si tan solo ellos supieran qué era lo único que la hacía feliz…

Y ahora volvía su constante a brumamiento: Ina, qué pasaría ahora entre ellas, ya era evidente que eran algo más que amigas y eso le alegraba definitivamente aplacando los sentimientos de culpa.

-¡hola!, escucho decir antes de ver a la destinataria de sus ya desmesurados sentimientos, quien se acercaba con su amplia sonrisa dándole un sincero beso en la mejilla y pasándole una pequeña caja de lo que parecía eran chocolates, (esta vez si eran chocolates de verdad).

-¿Cómo te sientes?, Le preguntó con cara compasiva como haciéndole tiernos ojitos.

-estoy bien, le contestó sintiendo en el acto grandes deseos de besarla. – he podido salir desde ayer, pero papá ha insistido en que debía quedarme hasta hoy. Dijo en tono resignado.

-bueno tienes que entenderlo, debe estar preocupado, los asustaste. Le dijo no muy sincera, pues tenía que reconocer que los padres de su chica no eran precisamente los más afectuosos del mundo.

-¿entonces volverás mañana al cole? Le averiguó con cara esperanzada.

-sí, yo creo, y en el instante recordó a la pequeña Abby, por la cual con tanto evento no había podido preguntar. –¿y Abby?, Articuló enternecida recordando al diminuto cachorro.

-bueno te mandó saludos, le contó Ina imitando por unos segundos la súbita exaltación que sufría la perrita cuando veía a una de sus dueñas, causando que Emma riera y olvidara sus crecientes temores de volver al colegio.

-mira, salgo a eso de las tres..., le dijo después de permanecer un rato en silencio solo bajo el sonido de las envolturas de los chocolates que habían empezado a comer después de no encontrado nada mas de que hablar. –si me esperas, podría ir a tu casa a ver a Abby.

-¿y tus papis te dejan?, cuestionó Ina aún con uno de los bombones en la boca.

-bueno…, pronunció fingiendo estar pensativa y con pícara cara de intensiones ocultas. – ellos no tienen por qué enterarse, contestó al fin de manera insinuante, cosa que hizo a Ina atragantarse con el dulce que comía.

-ejem, ejem, decía Ina aparentemente atorándose con la golosina.

Emma la ignoró pues no le encontró pudor a lo que acabada de decir y la verdad no tenía ganas de hallarlo. –… ellos no vendrán, están “muy ocupados” como siempre… papá tiene un millonario contrato y mamá… pues ella es Mamá, dijo como esclareciendo el peculiar talante de su madre.

-ah, ya veo…, dijo Ina, en serio se empezaba a animar de no tener padres y mucho más si todos eran tan frívolos como los de su seducida pelirroja.

Unas horas después había sido dada de alta y paciente la pelinegra la había esperado acompañándola también a una inquietante cita con el psicólogo, de la cual Emma se había quejado mucho de manera autocompasiva, al darse cuenta que todo a lo que más había temido se estaba haciendo realidad sin poder hacer absolutamente nada para evitarlo, por supuesto estar enrollada con Ina era una de esas cosas.

-¿Qué te dijo?, Le indagó cuando salió mostrando franca solidaridad.

-ese señor me aterra, le contó una vez la tuvo cerca,-parece que me conociera de años, faltó un poquito más y me dice que…, y se quedó callada prefiriendo no decir nada comprometedor, lo que iba a decir era: - y me dice que estoy saliendo con la chica que me está espera afuera.-en serio esta de miedo, concluyó turbada.

Ina no insistió en que terminara su enunciado, pero por supuesto se quedó punzada con la duda,-¿qué era lo que diría la linda pelirroja?, seguro era algo concerniente con su nueva relación poco comprensible para la mayoría de los heterosexuales y también para ella claro estaba.

-bueno vamos a ver a Abby…, la invitó Ina resignada.

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