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36.UN PORSCHE EN EL COLEGIO

UN PORSCHE EN EL COLEGIO

 

Como cada día sus pies la arrastraron hasta su cama en donde se recostó y en la silenciosa oscuridad pretendió estar dormida sin embargo un toque en su puerta cambio sus monótonos planes. Algo dentro le decía que muy probablemente eran alguno de sus padres, porque sino ¿quién más que ellos?, las suplicas estaban en que no sean los dos al mismo tiempo y se arriesgaba también a implorar que solo sea su papá sin ninguna “acompañante” de rostro similar al de ella.

-Que no sea mamá, que no sea mamá, susurraba en forma de plegaria mientras se dirigía al portal, Lo último que quería era verla. Se le caía la cara de la vergüenza al recordar como en la clínica osadamente se atrevió a insinuarle todo lo que pasaba con Ina.

-¿Quien?, dijo casi pegándose a la puerta para escuchar.

-Tú madre querida. La escuchó decir con su particular e hipócrita voz.

-Huy maldita vieja. La blasfemó por lo bajo sin pensar. Encendió la luz y apática procedió a abrir la puerta, -hola Madre, la saludó con voz opaca y sin ganas.

-hol..., alcanzó a decir la señora antes de cambiar de expresión,- ¡Qué haces aun con el uniforme!, Le reclamó viéndola de arriba abajo.

-¿ah?... Ahhh olvide cambiarme, expresó como si fuese lo más normal del mundo, de hecho para ella lo era muchas veces hasta se había ido a dormir con él y ni cuenta se daba, siempre a la mañana siguiente en su closet aguardaban por ella una media docena de estos, limpios y planchados. Hasta había pensado en regalarle un par a Ina pero le daba algo de pena el cómo podría hacerla sentir, y dados los últimos sucesos ya no tendría caso regalárselos.

-¡bueno, pues cámbiate!, Le indicó colmada de su actitud.

-ahora lo haré, Le respondió ella negligente.

-Alexandra mucho cuidado con tu tonito. Le advirtió con dejo agudo señalándola. –creo que esas chicas de tu colegio te están influenciando…, empezó a insinuar con doblez.

Emma captó perfecto que con “esas chicas” se refería a una sola chica en especial la cual pese a sus grandes esfuerzos para que pase inadvertida ante los ojos de su madre por lo visto no lo había conseguido…

-Mamá ya te dije, esa chica que me fue a visitar no es mi amiga, solo sintió lastima por mi y ya. Le dramatizó sin dificultad.

-lastima deberías sentir tu por ella, le objetó- ¿Acaso no la viste?, profirió fingiendo estar admirada.

Ese momento fue de los muchos en que deseó ver a su madre muerta, y peor aún, esta vez muerta por sus propias manos: ¿Qué si había visto a Ina? ¡Claro que la había visto!, no se cansaba de verla, repararla, admirarla, anhelarla, quererla, desearla… ¿Cómo era posible que su madre estuviese juzgando tan perfecta creación?

Esos homicidas pensamientos hacia ella le traían viejos recuerdos de infancia; cuando con su hermano fantaseaban acerca de la muerte de sus padres, él por supuesto siempre había ambicionado dinero así que adornaba sus visiones con que serian los únicos herederos y por consiguiente comprarían todo lo que se les antoje, a Ella con solo siete años se le antojaba un perro, un par de ponys, algunos permisos para jugar a libre gusto y tal vez poder salvarse de algunas las clases de piano. Los dos echaban sus pequeñas y siniestras mentes a volar especulando cuando seria el momento en que sus progenitores chocaran en el auto, que el avión donde viajasen se callera, un terremoto con pocos sobrevivientes, unas cuantas balas perdidas… luego ya cansados de esperar a que suceda se habían dado a la tarea de hacer los planes ellos mismos: un envenenamiento casual…

Culpable tenía que admitir que a veces contenía los impulsos de telefonear a su hermano para preguntarle sobre la vigencia de los funestos propósitos.

Con máximos intentos de no perder el control ante el excluyente comentario solo pudo sortearlo cambiando de tema abrupta y no muy educadamente.-¿y a que viniste?, Le apuntó rotunda.

-pues vine a verte, ¿acaso no puedo?, Le contestó la mujer afrentada.

-sí, lo siento, dijo lo último en forma de pregunta ya que realmente no lo sentía.

-bueno corazón ponte la pijama y ve al estudio que tu padre quiere hablar contigo. Le notificó volviendo a sus farsantes modos y agarrándole la mejilla casi en un pellizco.

Bajo al lugar sin saber realmente que esperar de lo que tendría por decir su padre, el señor al advertir su llegada dejó su ordenador y a duras penas le contestó el saludo con una tensa modulación.

-¿Cómo te fue con el psicólogo?, Le preguntó después.

-bien, mintió ella sin dudar.

-¿y qué te dijo?, Inquirió seguido.

-emm…, empezó a decir ganando tiempo para falsear.- Me ha dicho que…

-¡ya no me mientas!, La acalló enfurecido,-ya sé que no fuiste, y a cambio te paseaste por el centro comercial…, siguió descubriendo su farsa.-…no asistes al doctor,….problemas en el colegio, y no solo personales según veo. Le dijo arrojándole un fax de boletín de calificaciones. –¿Qué es lo que te pasa?, Le gritó exasperado.

-¿acaso te importa?, por favor papá yo nunca les he importado. Le dijo dolida.

-ah, ¿y por eso echaras por la borda todos nuestros esfuerzos? ¿Qué quieres?, Convertirte en una buena para nada como tu hermano que no hace más que derrochar nuestro dinero…, le siguió con un tema que no iba al caso.

-no te preocupes, yo no soy como Fernando, le dijo,-desafortunadamente pensó al instante.

-Lo del sicólogo: asistiré. Lo de las notas: lo superaré y lo de los pleitos en el colegio… bueno ya puedes estar tranquilo muy injustamente corrieron a la chica y espero que pase lo mismo con el muchacho. Terminó tajante dándole solución a todas las faltas expuestas.

***

En el aula de clases se respiraba una tensa y no muy agradable atmosfera la ausencia de Ina y Víctor se advertía a leguas además a eso le sumaba las constantes miradas que recibía por parte de Fabián, podía aventurarse a decir que el muchacho parecía guardarle cierto rencor, pero intentó comprenderlo e ignorar sus hostilidades confiando en la buena voluntad que Ina depositaba en el chico, entonces esperaría a que se le pasasen sus rencores.

Las cosas no marchaban tan mal del todo, tenía que reconocer que entre las cosas positivas estaba el que Fabián no hubiese abierto la boca y también que “el que si la iba a abrir” había sido expulsado, aunque eso no le garantizaba que sus padres no se pudieran enterar por lo menos disminuía las posibilidades.

A la salida se aglomeraba una cantidad de estudiantes que aunque era común esta vez parecían más densa de lo normal así que acarreada por el tumulto y el bullicio de forma rezagada terminó por echar un vistazo por el enmallado del lugar dado que la salida estaba imposible. Allí vio el causante de tanto alboroto un lúcido automóvil color negro mate estacionado casi enfrente del establecimiento. No quiso ser pretenciosa pero la única idea que se le venía a la mente era que el auto estaba allí por ella; incluso se atrevió a pensar que era el nuevo auto de su padre, y después una idea peor se arraigó en sus vacilaciones, - ¡mi regalo de cumpleaños!!!, Increpó temida internamente.

Buscando un poco de calma sosegó sus conclusiones objetando que lo último que se merecía ahora era el regalo de cumpleaños que le debían. Pero entonces… -¿de quién es ese carro?, Se indagó contemplando opciones.

-Vine por lo que prometiste, escuchó decir a alguien enfrente de ella sacándola de sus embelesamientos.

-¡Ina!!!, cuando se percató de quien se trataba, gritó de felicidad a todo lo que daba sus cuerdas vocales. Las dos se avergonzaron del sobreexcitado grito pero se relajaron cuando percibieron que nadie además de ellas lo escucharon pues al parecer todos tenían algo que les llamaba mucho más la atención.

-¡has vuelto!, ¡viniste!, ¡estás aquí!, decía Emma dando crédito a lo que sus ojos veían.

-si lo sé, lo sé, la calmaba la otra colando sus dedos por entre la malla que las separaba, entrelazándolos con los de la pelirroja que no dudaron en ir a su encuentro.

-¡¿Qué ocurrió?! -¡¿Volverás?!- ¡¿No te dejaron allí?!- ¡¿Qué te han dicho?!, Preguntaba la chica deseosa de respuestas.

-No, ¡no me dejaron!, la trabajadora social les pidió, ¡ella lo ha conseguido!, les aseguró que yo no lo volvería a hacer, mi última opción era ponerme de rodillas y suplicar, te lo juro, ¡iba a suplicar!, sin embargo creí que era imposible, pero ella, ¡Ella lo consiguió!, Remató su recital de respuestas- ¡volveré a casa con doña marina y con Abby!, Le dijo emocionada, -…aunque iré a otro colegio, -se entristeció un poco-…pero no importa, igual nos seguiremos viendo, explicó intentando no opacar la felicidad que las envolvía.-¿y qué pasa por qué no sales?, Le preguntó acelerada, ansiosa de encontrarla fuera.

-es ese auto, los tiene a todos embelesados obstruyendo la salida, se justificó la pelirroja haciéndole ver a la otra a lo que se refería.-espera…, agregó asustada. –Tú no viniste en ese auto ¿verdad?, Le preguntó despistada.

Ina soltó una carcajada. –¡claro que no!, se burló ante la solazada ocurrencia. –aunque no me hubiera caído nada mal…, recapacitó interesada observando con detalle el vehículo.

-¿es un Porsche?, Indagó Emma más para sí misma.

-¡yo que sé!, contestó Ina desconcertada,- pero si quieres voy, le pregunto y así te saco de la duda…, se ofreció con ironía.

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